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NEPAL:
LA LUCHA REVOLUCIONARIA DE LA CLASE OBRERA Y LOS PUEBLOS DEL MUNDO POR LA NUEVA DEMOCRACIA, EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO

Se han cumplido 10 años desde que el PARTIDO COMUNISTA DE NEPAL (MAOISTA) decidió el inicio de la lucha armada (ILA) en su país. Estos han sido intensos años de guerra popular en los que el pueblo nepalés ha desplegado todo su ingenio y capacidad de sacrificio para acabar de una vez por todas con el sistema monárquico-feudal que mantiene sometido a Nepal en condición de semi-colonia del imperialismo norteamericano e inglés y también de la India. Este alzamiento en armas, representa la firme voluntad de la clase obrera nepalesa, que, aunque pequeña en número, se ha decidido a enfrentar y superar todas las dificultades que se interpongan en su avance hacia la instauración de la Nueva Democracia, el Socialismo y el Comunismo en el mundo.

Para su misión redentora, la clase obrera de Nepal, ha forjado en el curso de la lucha revolucionaria de masas, un auténtico Partido Comunista (maoísta), un auténtico Ejercito Popular y un Frente Revo-lucionario de Clases basado en la alianza de obreros y campesinos pobres. Al hacerlo, no ha hecho otra cosa que seguir, básicamente, antiguas enseñanzas revolucionarias, recogidas de las experiencias prácticas (positivas y negativas) del Movimiento Comunista Internacional y también de aquellas que no son comunistas. Sin embargo, por ignorancia, por prejuicios o por oportunismo estas enseñanzas comunistas, han sido desechadas o ignoradas. Por ello, no es extraño ver en la actualidad, al interior de las masas populares, a mucha gente (sobre todo jóvenes con auténticos sentimientos y pretensiones revolucionarias) que se empeña porfiadamente, una y otra vez, en levantar todo tipo de trabajo político o social entre el pueblo, pero que se debaten en una permanente práctica por la práctica, desordenada, desorientada, confusa, sin salidas, sin respuestas satisfactorias y que por el momento, sólo justifican su existencia como forma de mantenerse vigentes como "activistas populares", pero, no necesariamente como activistas revolucionarios o comunistas.

Hoy, cuando "han caído los muros", cuando "se han derrumbado los socialismos reales", cuando "el campo socialista ha sido disuelto", para muchos "revolucionarios", "socialistas" o '"comunistas" la revolución debe forzosamente ser postergada "para tiempos mejores" porque ahora no existe una poderosa "retaguardia estratégica" (como lo era la URSS) que patrocine o subvencione (con ideas, armas y dineros) revoluciones o golpes de estado en el mundo. Por lo tanto, en la actualidad, sólo podrá existir: "socia-lismo en la medida de lo posible" y "revolución en la medida de lo posible" en cada país del planeta. En este ambiente de crisis, tampoco resulta extraño el surgimiento de fuertes tendencias "socialistas" o "comunistas" con un contenido profundamente reaccionario, anti-marxista, anti-comunista, revisionista y contra-revolucionario. Estas tendencias oportunistas contemporáneas, en su búsqueda por llegar a una conciliación (o reconciliación) con los grandes enemigos de la clase obrera y el pueblo de cada país, pretenden "remodelar" el pensamiento marxista-leninista apartándose del comu-nismo "dogmático" y extirpándole todo su contenido revolucionario, bajo el pretexto de "mejorarlo" o "renovarlo" para hacerlo aceptable o compatible con el sistema capitalista.

En estos últimos 16 años transcurridos, dos grandes corrientes ideológicas y políticas (que laten desde hace mucho tiempo en el interior del movimiento obrero y popular) han sido puestas a prueba a nivel mundial. Una, consecuente y plenamente revolucionaria: EL MAOISMO. La otra, oportunista y conciliadora: la del revisionismo contemporáneo, que fue encabezada en el pasado reciente por los revisionistas soviéticos y que hoy aún sobrevive en países que fueron semi-colonias del socialimperialismo soviético (como es el caso de Cuba en América Latina).

El revisionismo contemporáneo (y lo que ha sobrevivido de él) ha estado constituido por dos vertientes contradictorias pero no antagónicas entre sí:

Una, marcadamente reformista, apegada a las leyes e instituciones burguesas, dispuesta a "perfeccionar" el Estado burgués "en favor del pueblo explotado"; es utilizadora de la lucha de masas (e incluso puede llegar a recurrir a la lucha armada) para negociar cuotas de poder con la burguesía; es promotora del camino electoral y los cargos parlamentarios (o cualquier otro cargo en el Estado burgués) como instrumentos transformadores (o perfeccionadores) de la sociedad capitalista.

La otra, con un aspecto "revolucionario" en la forma que se presenta ante las masas, con sus organizaciones "político-militares" o "frentes revolucionarios", con sus llamamientos a tomar las armas en defensa de la libertad, la democracia y las transformaciones sociales, por medio de movimientos guerrilleros o insurrecciones, en los que se destacan las figuras de caballerescos, románticos y paternales héroes (para consumo de la pequeña burguesía), utilizando también estas luchas armadas como un medio de presión o negociación con las autoridades burguesas para obtener de ellas amnistías, para transformar sus organizaciones militares en organizaciones políticas legales, electoralistas, con "una buena conducta" (o "rehabilitados"). En otras palabras, aceptables para el sistema de dominación burguesa y, por tanto, aptos para postular a algún cargo parlamentario, alcaldicio, ministerial o cualquier otro puestecillo dentro de la administración pública. Aspiran a dirigir el capital monopólico de estado. Por estos hechos, este sector revisionista ha sido denominado como "reformismo armado".

Ambas vertientes, pese a sus diferencias (en su forma), aparentemente opuestas (de palabra), se han complementado. En última instancia, terminan colaborando entre sí, porque se consideran mutuamente como "de izquierda". Ambas tendencias revisionistas, por diversos caminos, han contribuido a desincentivar la lucha revolucionaria de masas y la han utilizado sólo como medio de obtener garantías, cargos o privilegios en beneficio de sus camarillas dirigentes. Aspiran a dirigir el capital monopólico de estado. Ambas, sostienen una actitud paternalista hacia las masas explotadas, las que deben ser "salvadas" o "defendidas" ya sea por tribunos parlamentarios "del pueblo" o por héroes guerrilleros. Ambas niegan, de hecho, el principio revolucionario de que "las masas se liberan a sí mismas". Una constituye el ala derecha del oportunismo o del revisionismo, y la otra, su ala "izquierda". Una ha tenido su fuente inspiradora en la URSS y la otra, en Cuba. La existencia de ambas, crea un círculo vicioso para los elementos honestos y avanzados de las masas que caen en su remolino. Esto significa que:

Aquellos que se desencantan con la práctica del oportunismo de "derecha", tienden a caer en la práctica del oportunismo de "izquierda" y viceversa. Aquellos que se desencantan de la práctica infructuosa y aislada del oportunismo de "izquierda" tienden a caer (o a retomar) a la práctica del oportunismo de "derecha".

Sólo la crítica persistente, consecuente y científica puede sustraer a las masas del nefasto influjo revisionista, para así abrir el camino a una auténtica lucha revolucionaria de masas. Para todo comunista, debe quedar muy claro que, en todo auténtico proceso revolucionario, tarde o temprano, deberá enfrentarse ineludiblemente y derrotar política e ideológicamente (militarmente si es necesario) a estas vertientes revisionistas.

Hoy en el mundo, la otra gran corriente ideológica y política, que se encuentra en ascenso, es EL MAOISMO, la expresión más actual, decidida y consecuente del marxismo-leninismo. Una nueva y superior etapa en el marxismo-leninismo. Estas no son sólo palabras, son hechos que comenzaron en 1980 con el inicio de la guerra popular en el Perú, bajo la dirección del Partido Comunista (conocido como "Sendero Luminoso"). Esta experiencia se inició sin ningún tipo de ayuda externa. Su principal fuente de apoyo (tanto humana como material) provino de las propias masas. Sus armas provinieron de capturas hechas al enemigo. Su lucha revolucionaria no se inició bajo una dictadura militar, sino que cuando recién se iniciaba un período de democracia burguesa. Con la voluntad de "llevar la revolución hasta el fin", inspirados en el maoísmo, con una comprensión acabada de su historia revolucionaria, de su cultura, de su economía y su realidad social, elaboraron su propia estrategia, táctica y planes de batalla. Sus conocimientos, para llevar adelante una guerra revolucionaria se sustentaban en la línea militar proletaria, expresión de la ciencia militar del proletariado, y los desarrollaron y profundizaron en la guerra misma. De esta forma, fueron conformando los destacamentos guerrilleros del cual surgieron los primeros núcleos del futuro Ejército Guerrillero Popular. Y de la aplicación del marxismo-leninismo-maoísmo a la realidad y condiciones particulares del Perú surgió su pensamiento guía, el pensamiento gonzalo.

Siguiendo sus planes, consiguieron derrotar por completo a las fuerzas especiales de la policía y obligaron la intervención del ejército. Miles de campesinos fueron masacrados, desaparecidos, torturados y apresados. El Partido tuvo muchas pérdidas pero no se doblegó, continuó adelante. En pocos años, la Guerra Popular saltó de la región de Ayacucho y se extendió a todo el Perú. Las FFAA habían fracasado en su intento de acabar con la revolución peruana. En los años que vinieron, el Estado terrateniente-burocrático se mantuvo constantemente a la defensiva, mientras en todo el país surgían nuevas zonas guerrilleras, se establecían zonas liberadas y bases de apoyo (como nuevo poder revolucionario).

A continuación, la guerra revolucionaria se desarrolló con mucha fuerza avanzando hacia las ciudades. Se había entrado ya en una segunda etapa de la Guerra Popular, la etapa de equilibrio estratégico, en que las fuerzas en lucha se encontraban transitoriamente empatadas. Los maoístas peruanos se preparaban ya para entrar a la tercera etapa de la guerra: la de ofensiva estratégica que conduciría a la completa destrucción del viejo Estado peruano. Incluso habían considerado la posibilidad de una invasión norteamericana y tenían planes para enfrentarla. La inesperada detención del Presidente Gonzalo y de parte importante del Comité Central del Partido Comunista del Perú y la aparición de una línea oportunista de derecha (que devino posteriormente en capitulacionista y revisionista) en su interior, debilitó gravemente el esfuerzo de los maoístas peruanos haciéndolos retroceder hasta la primera etapa de la lucha colocándolos en una posición defensiva, pero sin que el enemigo consiguiera eliminar por completo la guerra popular. Corresponde a los maoístas peruanos realizar el estudio autocrítico de su experiencia revolucionaria y la superación de este recodo en el camino. Todos los maoístas del mundo esperamos que la revolución peruana se fortalezca y recupere el poderío que tuvo hasta los primeros años de la década de los 90. Creemos firmemente que sólo prosiguiendo y persistiendo con la guerra popular se logrará dar un nuevo impulso a la lucha de los explotados y oprimidos peruanos.

Fue en febrero de 1996, cuando el Partido Comunista de Nepal (maoísta), levantó la bandera roja de la Guerra Popular sobre "el techo del mundo". Esta trascendental decisión estuvo inspirada, entre otras cosas, en el estimulante ejemplo revolucionario que el Partido Comunista del Perú ha entregado al proletariado mundial. Los maoístas nepaleses, se han atrevido a desatar la revolución en un pequeño país ubicado entre dos gigantes (China y la India) hostiles a toda lucha revolucionaria, sobre todo ésta, que en su desarrollo podría llegar a contagiar a las grandes masas explotadas de Asia sobre todo a las de la India (con 1.000 millones de habitantes) país en el que actualmente los maoístas indios vienen desarrollando una Guerra Popular en varios de los Estados que la conforman. Son fuertes lazos los que unen las guerras populares de Nepal y la India según los principios del internacionalismo proletario.

En la actualidad, el Ejercito Popular de Liberación (EPL), bajo la dirección del Partido Comunista de NEPAL (maoísta) se encuentra en la etapa de ofensiva estratégica, la tercera etapa de la guerra popular, etapa previa a la conquista del poder, durante la cual se preparan las condiciones políticas y militares para la completa destrucción de las fuerzas armadas reaccionarias. Es así como hoy, el Ejercito Real Nepalés se encuentra a la defensiva. Los maoístas han conseguido poner en jaque a la monarquía, aislándola cada día mas, colocándola en peligro de desaparecer.

Durante el pasado mes de abril, la oposición burguesa organizada en una alianza de siete partidos convocó a un Paro Nacional para terminar con la monarquía absoluta y el establecimiento de un sistema democrático. Este paro convocado para que durara cuatro días (del 6 al 9 de abril) fue desbordado por las masas que lo transformaron en indefinido.

Ni los toques de queda, ni los disparos contra las multitudes que causaron más de 15 muertos, ni las detenciones masivas pudieron contener la lucha del pueblo que se fue incrementando con las semanas. Las masas pedían la República, el derrocamiento del Rey y finalmente su muerte. El rey ante la marea incontenible mostró síntomas de ceder al proponer la entrega del poder a instituciones que él mismo había suprimido un año antes, mediante un auto-golpe (al estilo Fujimori) con el pretexto de combatir en mejor pie a la guerra del pueblo. La ambigüedad de su llamado no impidió el avance de la lucha e hizo sonar las sirenas de alarma en el Departamento de Estado estadounidense que evacuó su personal no imprescindible desde Nepal. De inmediato comenzaron las presiones de los yanquis, los ingleses y los indios sobre los partidos de la oposición burguesa para que desmovilizaran al pueblo en lucha. Lo mismo hizo con el rey para que cediera rápidamente a las principales demandas. El rey pidió ahora un nombre para primer ministro y la reinstalación del parlamento. Entonces la oposición burguesa transformó el último día de lucha en una "celebración" festiva por "el retorno a la democracia". Esta traición de los partidos burgueses ha permitido por ahora la sobrevivencia de la monarquía nepalesa.

Cabe destacar que dentro de la alianza de oposición burguesa se encuentra el Partido Comunista de Nepal Marxista-Leninista Unificado (tan oportunista como el de acá) que se opone abiertamente a la revolución... ¡Como defensor de la monarquía constitucional! Ahora el pueblo tiene más claro quiénes son sus falsos amigos.

Sobre la revolución nepalesa se ciernen hoy dos grandes peligros: la intervención militar extranjera directa y el riesgo de capitulación que encierra toda negociación. Los maoístas nepaleses deberán enfrentar y derrotar de aquí en adelante ambos peligros.