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La Gran Revolución Cultural Proletaria en la Educación
Poco se conoce hoy de la experiencia de la Gran Revolución Cultural Proletaria China (1966-76), pues la escasa información que se divulga está orientada hacia un fin: desconocer o distorsionar sus verdaderos aportes tras un velo ocultista y reaccionario, para que los proletarios no sigan su ejemplo. Sin embargo, la experiencia China de 1966 hasta el golpe contrarrevolucionario a fines de 1976, nos entrega enseñanzas muy útiles para que apliquemos hoy en tiempos en que los estudiantes secundarios han dado lecciones de organización y movilización contra las políticas imperialistas que se están aplicando en el terreno educacional

"…después de eliminados los enemigos con fusiles, quedarán los enemigos sin fusiles, quienes entablarán, inevitablemente, una lucha a muerte contra nosotros; jamás debemos subestimarlos”

Mao Tse-tung

 

 

Después del triunfo de la revolución democrático-popular en 1949, el proceso revolucionario chino estaba bastante avanzado. La conquista del poder tras una prolongada guerra popular aparentemente había resuelto los viejos grandes problemas que se arrastraban de antes de la victoria popular. El problema nuevo, que se acentuó al pasar los primeros años, era que persistían elementos burgueses reaccionarios en las altas estructuras del Estado, el ejército y en el interior mismo del Partido Comunista. Eran los seguidores del camino capitalista que se encontraban protegidos por una nutrida base social originada en la diferenciación producida en el mundo de la pequeña producción, así como también en las distintas esferas de la administración del Estado. Había que buscar una solución a esta contradicción bajo el riesgo de que no hacerlo implicaría la perdida total del poder por parte del proletariado y los revolucionarios chinos, abandonándose con ello al mismo tiempo el camino socialista.
La experiencia de lucha acumulada contra los seguidores del camino capitalista entre 1949 y 1965 permitió dar un importante y decisivo salto en la defensa de la dictadura del proletariado y la defensa del camino revolucionario socialista. En este sentido, la Gran Revolución Cultural Proletaria (GRCP) es la forma que tiene el proletariado de retomar el poder ahí donde se lo ha arrebatado la burguesía en pleno periodo de construcción socialista; históricamente, representa y representó la etapa más alta en la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado. Persiguió como objetivo general preparar a las masas para asegurar que las generaciones que viniesen fuesen revolucionarias, derrotando en todos los campos, incluido el de la lucha de clases, todas las ideas y prácticas burguesas.

Antes de la GRCP (1966) las prioridades habían sido formar un gran número de técnicos, profesionales y administrativos, para el desarrollo industrial de China Socialista, con esto se constituyó una capa de “intelectuales” que tenían como responsabilidad traspasar lo aprendido a la masa del pueblo. En la práctica esto no ocurrió, al contrario, dichas capas se mantuvieron lejanas a las masas, llevaron una vida centrada en el individualismo y no como lo requería la construcción socialista: al servicio del pueblo.

La Revolución Cultural proletaria y su expresión en el terreno educativo se llevó a cabo en una firme y decidida lucha de clases contra los revisionistas y los elementos más reaccionarios de la burguesía –quienes pugnaban por el retorno al capitalismo–, ellos en todo momento opusieron resistencia a la aplicación de las nuevas fórmulas educativas que se implementaron para la formación de nuevos revolucionarios que encaminaran a la China socialista al comunismo.

Algunos antecedentes

Las características que había adquirido la educación después del triunfo de la revolución en 1949 tendía a reproducir el sistema de funcionamiento de las escuelas tradicionales. La formación de estudiantes estaba divorciada del trabajo industrial y agrícola. En la enseñanza superior esto se acentuaba aún más enfatizándose la especialización tecnocrática y burocratizante.

Desde 1957, período en que se libra una importante batalla contra la derecha dentro del Partido Comunista de China (PCCh), se comienza a impulsar una “revolución educacional” con el claro objetivo de disminuir y anular la distancia entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. El propósito era transformar el sistema escolar de ser un ‘refugio burgués’ a convertirlo en un ‘contorno revolucionario’. Si bien es cierto se cambió la política de inscripción e ingreso a las universidades incorporando en mayor número a los hijos de trabajadores y campesinos pobres, aún era en insuficiente proporción. De igual forma y con un similar impacto, otra importante medida consistía en que profesores y estudiantes participaran de labores productivas de manera que el colegio redujera su dependencia financiera del Estado. Se perseguía que docentes y estudiantes participaran del estudio y del trabajo manual. Incluso –en una fase experimental– junto a las escuelas se llegaron a construir pequeñas fábricas, hornos o se desarrollaban actividades agrícolas.

Sin embargo este movimiento de revolución educacional pronto encendió una activa resistencia y rechazo bajo el pretexto de que se “rebajaba la calidad académica”. Representantes de la nueva burguesía enquistada en altos cargos en el partido, el ejército, el gobierno y el aparato de Estado, demandaron elevar las normas académicas y profesionales. Esto inevitablemente, y en especial en las universidades, desarrolló un criterio de admisión en el Partido Comunista que privilegiaba el rendimiento académico antes que la necesaria experiencia y compromiso político para con las masas. La acción política tendía a declinar, lo que se reforzaba con el hecho de que la pesada carga académica no dejaba tiempo a los estudiantes para comprometerse en tareas políticas revolucionarias bajo el argumento que “interferían el estudio serio”. El resultado de esta política se expresó en una creciente indiferencia frente a la actividad política por parte de los jóvenes estudiantes. Esta era la situación en los primeros años de la década de los ’60.

La educación en el periodo inmediatamente anterior a la GRCP

Si bien la educación en China sólo en 1966 sufrió una transformación radical gracias a la intervención de las masas, desde 1963, con el Movimiento de Educación Socialista (orientado a frenar las tendencias capitalistas en el campo), se dieron algunos pasos concretos destinados a cambiar el sistema educacional chino.

Desde el “Gran Salto Adelante” en 1958 se había establecido una orientación para la educación consistente en crear escuelas de nuevo tipo, conocidas también como de trabajo y estudio. Estas escuelas tuvieron en un inicio un carácter meramente experimental y no se aplicó al conjunto del país. Esto último sólo se inicia con una decisión del Comité Central en 1964 que exigía que las escuelas de estudio y trabajo se establecieran en el campo y la ciudad en toda China. Estas escuelas tendrían dos tipos de aulas: las de la escuela propiamente tal y la de las fábricas y centros productivos. Tendrían además dos tipos de maestros: los profesores de las escuelas y los obreros-maestros. Además se recalcaba que: “La reforma de la enseñanza depende de que los profesores se hagan más revolucionarios y que se conviertan al mismo tiempo en trabajadores manuales”. Más tarde, en diciembre de 1965, se informaba que el sistema de escuelas trabajo-estudio, en su etapa experimental, se había establecido en todas las ciudades de China. El 9 de diciembre de 1965 se afirmaba en el “Periódico de la Juventud”: “Todos los intelectuales jóvenes que deseen hacer la revolución deben dejar sus humos a un lado, transformarse en alumnos voluntarios y aprender sinceramente de los obreros y campesinos, así como integrarse a ellos. Deben compartir la posición, los pensamientos y sentimientos de los obreros y campesinos, trabajar y vivir con ellos, querer y odiar lo que ellos quieren y odian y pasar sus mismas penalidades. En la lucha por los intereses de los obreros y campesinos, deben despojarse de todo aquello que no sea proletario. Sólo de esta forma podrán ser revolucionarios verdaderos.”

Respecto de este período y en particular del Movimiento de Educación Socialista (1963) es importante destacar que implementó programas de estudios de las obras de los clásicos marxistas y en especial de Mao. En este marco, en el campo, aldeas y Comunas Populares se promovió que se desarrollaran tareas formativas como la Campaña de las 4 limpiezas (impedir el retorno de las ideas feudales, impedir el empleo de incentivos materiales, impedir el nepotismo e impedir la corrupción), ¿cuál era el objetivo de fondo? Permitir que las masas aprendan el marxismo-leninismo (hoy decimos maoísmo), buscando la aplicación de éste en la resolución de problemas prácticos, además de preparar a las masas en el terreno de las ideas para los debates con los elementos reaccionarios y revisionistas. Sin embargo todo este importante movimiento previo no había tocado en lo fundamental las bases del sistema de enseñanza. Al contrario, muchos aspectos se habían agudizado. Sería la revolución cultural proletaria la encargada de comenzar a derribar las posiciones burguesas también hábilmente encubiertas en el terreno de la educación. Para los revolucionarios, entre ellos al propio presidente Mao, el problema consistía en buscar en la juventud los sucesores que dieran continuidad al camino revolucionario proletario.

LA JUVENTUD ABRE EL FUEGO, LAS MASAS ASALTAN EL CIELO, EL PROLETARIADO LAS DIRIGE
Los primeros pasos de la GRCP en la educación

El problema se había traducido en que la línea revisionista, la línea que representaba la restauración del capitalismo, había creado escuelas especiales para hijos de altos funcionarios del Partido, el ejército, el gobierno y directores de empresas. Un visitante extranjero afirmaba que: “en esos centros docentes los hijos de proletarios sólo representaban una reducida minoría. Allí, las instalaciones y condiciones de vida y estudio de los educandos eran mucho mejores que las de los demás planteles. Hasta en la cantidad y calidad de la ración alimenticia se notaban apreciables diferencias, lo mismo que en la existencia de ciertas comodidades como piscinas, que todavía representan un lujo dentro de la economía socialista china.”

Que la revolución cultural haya ido tomando desde sus inicios un decidido carácter de masas, en cierta medida, se debe a que los estudiantes desempeñaron un papel de vanguardia. Por ello la reorganización de la educación a partir de 1966 encontró en la juventud estudiantil a un osado combatiente de primera línea. Lo que inicialmente partió como aisladas críticas al modelo educacional pronto se transformó en un movimiento de masas para desmontar golpe tras golpe las posiciones que la nueva burguesía había conquistado en su camino hacia la restauración capitalista-revisionista. Una andanada de críticas llovieron no sólo desde el interior mismo de los establecimientos educacionales sino que también desde las ya agitadas masas populares contra el sistema de exámenes, los programas escolares y los métodos pedagógicos utilizados.

Poco antes de abril de 1966 las críticas ahondaban sobre problemas tales como: la separación de la enseñanza de la realidad; aislamiento de los estudiantes respecto de la vida del pueblo; desvinculación de la práctica política, la experimentación científica y de la producción. Se denunciaba también que los hijos de la nueva burguesía gozaban de ventajas respecto de los hijos de obreros y campesinos; que el sistema educacional alentaba una competencia de tipo capitalista y una selección de estilo burgués; que se favorecía tanto el servilismo como el arribismo y se formaban nuevos letrados y no servidores del pueblo. Era a los ojos de los estudiantes revolucionarios una educación muy marcada por los vestigios del pasado. Revolucionar esta esfera de la superestructura se había transformado en algo imperioso.

En una carta de un grupo de estudiantes de enseñanza media enviada al Comité Central del Partido Comunista de China se denunciaba que el sistema de enseñanza profundizaba las diferencias entre trabajo intelectual y trabajo manual, el campo y la ciudad, entre obreros y campesinos; todas contradicciones opuestas a la construcción socialista. Por el contrario, la crítica esbozada en dicha carta exigía que se debía adoptar una clara perspectiva comunista y apuntar a disminuir y desaparecer tales desigualdades.

En otra carta, estudiantes de Pekín exigían la necesidad para el socialismo de formar intelectuales de tipo nuevo, ligados al pueblo, con conciencia proletaria, y opuestos al sistema pedagógico que favorecía la educación de tecnócratas, aislados de las masas y propensos a restaurar el régimen capitalista. Estos estudiantes señalaban en su carta además: “Lo que nosotros destruimos no es sólo un sistema de exámenes, sino el yugo cultural que soporta desde hace miles de años el pueblo chino; destruimos el nido en que se criaron la aristocracia intelectual y las capas sociales con salarios elevados; destruimos el trampolín que conduce al revisionismo moderno.”

Fue por esto que la toma de conciencia y en cierta forma la vanguardia de la revolución cultural la constituyeron los jóvenes estudiantes de la enseñanza media y universitaria, al igual que entre algunos profesores y miembros de medios culturales.
A partir del 13 Junio de 1966 el Comité Central del PCCh y el Consejo de Estado prorrogaron los exámenes y aplazaron por un semestre la inscripción para las escuelas. Los recintos educacionales suspendieron las clases y entraron en un profundo movimiento de debate y polémicas que se prolongaban por horas, durante lapsos del día y hasta de la noche. Se discutía sobre pedagogía, sobre política y sus interrelaciones. El presidente Mao a la cabeza de la dirección del partido tomaba abierto
partido por las masas estudiantiles revolucionarias y los docentes revolucionarios, e insistía en que una verdadera reforma en la educación no podía dejar de tener como base la participación, las opiniones y sugerencias de éstas. Se investigó el funcionamiento de los establecimientos educacionales, se hicieron encuestas y se sometió a severa crítica a los antiguos administradores de los centros docentes.

Se desató un movimiento propagandístico impresionante. Se imprimieron folletos y volantes. Los muros de las escuelas se transformaron en grandes periódicos de masas, llenándose de consignas y grandes papelógrafos (Dazibaos). Fue un inmenso movimiento que sobrepasó incluso los límites de los colegios desbordando hacia las calles aledañas agitando y concitando la atención de las masas.

Lo más importante para este auspicioso comienzo es que se logró destituir a algunas autoridades seguidoras del camino capitalista gracias a que la juventud estudiantil había pasado a la acción. Era el inicio de la revolución.

La decisión de los 16 puntos y la Reforma de la Educación

El 8 de agosto de 1966 se aprueba la histórica “Decisión del Comité Central del Partido Comunista de China sobre la Gran Revolución Cultural Proletaria”. En lo referido a la reforma educacional declara:

“Es una tarea de suma importancia en la gran revolución cultural proletaria transformar el antiguo sistema educacional y los antiguos principios y métodos de enseñanza.
En esta gran revolución cultural hay que acabar totalmente con la dominación de los intelectuales burgueses sobre nuestros centros docentes.
La política formulada por el camarada Mao Tse-tung de que la enseñanza debe servir a la política proletaria y combinarse con el trabajo productivo, tiene que aplicarse en todo tipo de escuelas, para que todos los que reciben la educación se desarrollen moral, intelectual y físicamente y lleguen a ser trabajadores cultos y con conciencia socialista.
El período de estudios debe acortarse. Las asignaturas deben ser menos y mejores. El material de enseñanza debe ser cabalmente transformado, en algunos casos comenzando por simplificar el material complicado. La tarea principal de los estudiantes es estudiar, pero deben también aprender otras cosas. Es decir, no sólo deben estudiar los libros, sino que aprender el trabajo industrial, la agricultura y los asuntos militares y, cuando se presente el caso, tomar parte en la lucha de la revolución cultural para criticar a la burguesía.”

Efectivamente, a partir de 1966 la revolución cultural en la educación fue un movimiento que buscó cambiar profundamente los resabios de los métodos burgueses de enseñanza que seguían predominando en la enseñanza escolar y superior. Las pruebas o exámenes, que en nada se diferenciaban a los que se hacían en las escuelas bajo el sistema capitalista, fueron profundamente transformados, de ser una “verdadera emboscada” contra los estudiantes, pasaron a constituir un medio para desplegar sus potencialidades.

Mientras algunos funcionarios en el terreno económico realizaban acciones orientadas a la restauración capitalista tales como: la entrega de incentivos económicos por el aumento de la producción, la no colectivización de algunas propiedades agrícolas, etc.; en las Universidades e Instituciones educacionales se desenvuelve un proceso coercitivo llevado adelante por las autoridades universitarias y profesores (pertenecientes a las elites burguesas) a través de prácticas que buscan impedir la participación de las masas. Con algunos éxitos iniciales se intentó restringir o detener derechamente, por ejemplo, la práctica de debates y la difusión de la crítica a las autoridades y profesores reaccionarios por medio de grandes cartelones (Dazibao). Es así como la educación se convierte en un importante campo de disputa pues permite a la GRCP derribar barreras que impiden el avance revolucionario.

La “Tormenta de enero” en Shangai y su importancia posterior para la educación

En enero de 1967 la GRCP daba un salto de enormes proporciones. El proletariado de Shangai “tomaba el cielo por asalto” conquistando el poder que funcionarios revisionistas les habían usurpado. A esas alturas el movimiento de los estudiantes había logrado uno de los más importantes objetivos que le había trazado el presidente Mao: contribuir al despertar revolucionario del proletariado chino. A partir de este momento, más definidamente, se experimenta un viraje que está marcado por la irrupción de la participación obrera masiva y es aquí donde se concentran las fuerzas revolucionarias para asegurar la dirección proletaria de la revolución cultural.

Precisamente, es en pleno auge del movimiento proletario en su lucha contra la burguesía enquistada en el propio Partido Comunista, cuando en julio de 1968 desplazándose hacia los centros de enseñanza, equipos de obreros se movilizaron para apoderarse de la dirección de dichos establecimientos. Se adoptó la directriz de que grandes contingentes de obreros empezaran a entrar en escuelas, universidades, entidades oficiales, organismos de propaganda o donde hubieran importantes concentraciones de ‘trabajadores intelectuales’. La consigna impulsada por el presidente Mao era: “La clase obrera debe dirigirlo todo”. China un país con más de 500 millones de habitantes, con una milenaria historia de atraso y explotación, demandaba con rapidez más y mejores técnicos y profesionales. Esta necesidad, sin embargo, no podía desplegarse al margen de la lucha de clases, habían dos alternativas, dos caminos en lucha entre sí: podía ser desplegada bajo una línea burguesa destinada a forjar expertos y especialistas desligados del quehacer político; o bajo una línea proletaria revolucionaria claramente destinada a servir al pueblo y desplegar todo el potencial revolucionario de las masas (reivindicándose la consigna “rojos y expertos”). Esto último equivalía a que las masas de obreros experimentados o campesinos con profundos conocimientos sobre su quehacer se transformaran en profesores y educaran a los futuros contingentes de revolucionarios y trabajadores. Las universidades podrían contribuir en esto siempre y cuando se desasieran de los elementos derechistas antiproletarios, cuestión que sólo podría ocurrir desatando todo el potencial revolucionario del proletariado y de los campesinos pobres contra la burguesía emboscada en el mundo académico.

Los vientos desviacionistas de derecha y el golpe contrarrevolucionario de 1976

La derecha dentro del PCCh no logró ser barrida, es más, conservaba importantes bastiones de poder al interior del Ejército Popular de Liberación. La lucha revolucionaria se tornaba cuesta arriba. La GRCP debilitó en notables proporciones a los seguidores del camino capitalista, pero no lo suficiente. Después de 1972, altos funcionarios del Partido y el Gobierno partidarios de la restauración anti-socialista, iniciaron una contraofensiva en todos los terrenos, centrándose en el campo de la educación. Intentaban revocar los veredictos correctos de la GRCP en este sector. Fue así como se intentó reponer el sistema de exámenes. En una importante escuela en Shangai se prohibió la discusión colectiva de las preguntas, la utilización de los libros para responder los exámenes, ni siquiera que dos estudiantes se sentaran juntos. La razón de estas medidas de acuerdo a estos altos funcionarios es que había bajado el nivel académico y que era necesario desarrollar la producción y esto demandaba más y mejores especialistas. Cuestión falsa puesto que la producción había crecido gracias a las transformaciones revolucionarias introducidas -entre otras áreas- en la educación. En agosto de 1974, la derecha desplegó la batalla en el frente artístico con una obra donde, reponiendo la vieja discusión, realzaba el papel del clásico profesor burgués y del alumno como mero receptorio de información y conocimiento desvinculado de la vida (en particular de la política revolucionaria). Este movimiento tuvo su contragolpe en 1975 al reivindicarse como un ejemplo de avance el modelo de escuela del Instituto Agrícola Chaoyang en Liaoning, donde efectivamente se daba la integración entre profesores, estudiantes y campesinos por una parte y entre trabajo y estudio por otro; se impulsaba un programa de estudio de acuerdo a las necesidades del socialismo y los estudiantes permanecían en su labor como rojos y expertos en el campo.

Finalmente la derecha tras la muerte del Presidente Mao Tse-tung en Septiembre de 1976 se movilizó rápidamente, utilizando su influencia en algunos elementos del ejército, dio un golpe de estado contrarrevolucionario. Desde ese momento depuró de revolucionarios al partido, al gobierno, al ejército e inició un basto programa de “modernizaciones” tendientes a restaurar el capitalismo y borrando los avances de la revolución cultural proletaria en materia educacional así como en muchos otros aspectos.

CONCLUSIONES

Uno de los aspectos relevantes de la Gran Revolución Cultural Proletaria consistió justamente en atacar la permanencia de las ideas burguesas en el proceso de construcción socialista. Luchó por derribar los obstáculos que se oponen al avance revolucionario de las masas tales como: la cultura feudal y reaccionaria heredada de épocas anteriores; los prejuicios, la superstición, la ignorancia y el atraso.

La Revolución Cultural Proletaria no sólo tuvo por objeto arrancar las viejas ideologías, culturas, usos y costumbres alimentados por las clases explotadoras, sino que también desarrollar ampliamente entre las masas una cultura e ideología completamente nueva, las del proletariado. Esto en la práctica no tiene precedente en la historia de la humanidad.

Una destacada tarea que se promovió entre los intelectuales en la Revolución Cultural Proletaria para resolver el problema de las aspiraciones personales y por tanto individualistas, es que se instó a que los artistas, educadores y estudiantes tenían que integrarse con el pueblo, estudiar su lenguaje, sus costumbres, empaparse de sus formas de vida de modo que esto los motivara a dejar de lado sus pretensiones individualistas y meramente estéticas y atender al problema de fondo que era participar en el avance de la revolución. Así, los médicos eran enviados a hospitales rurales de las zonas atrasadas, los escritores cultivaban su talento, no encerrados en sus estudios sino alistándose en la revolución y escribiendo y viviendo para el pueblo, conocían su realidad, desarrollaba actividades con las masas y –como elemento de suma importancia-, participaban de la producción.

La polémica y queja que se inició en 1964 de que el sistema de exámenes favorecía “el aprendizaje por libros” aceleró el proceso de transformaciones en ese terreno durante la Revolución Cultural, por lo que se eliminaron los exámenes de ingreso a las universidades. Estas estuvieron cerradas mientras se desarrollaron procesos internos de ajustes como seleccionar a los maestros y los materiales de enseñanza. Es en éste momento que se planteó la creación de nuevos programas de educación que eliminaran el sistema de exámenes y se buscaban otras cosas que lo sustituyeran. La orientación para el ingreso a la Universidad se comenzó a medir bajo nuevos criterios: el carácter y los logros en los procesos formativos anteriores (educación secundaria), mostrando por sobre todo una firme actitud proletaria.

Hoy, en el contexto de la implementación de la PSU para el ingreso a las Universidades, no nos es imaginable la eliminación de este sistema de exámenes, una demanda de corto plazo correctamente planteada es que esta al menos sea gratuita, sin embargo, continúa constituyendo una trampa para los sectores proletarios, pues mide arbitrariamente el grado de conocimiento de materias y el nivel de aprendizaje libresco que han tenido los jóvenes en la educación formal chilena. La PSU es otro instrumento que deja en evidencia las diferencias educativas existentes entre las clases sociales. Debemos sin duda encaminarnos no sólo a criticar los costos de pruebas como la PSU, sino atacar el fondo del problema: ¿qué es lo que miden dichos instrumentos y a qué tipo de educación sirven hoy?

Otro interesante aporte de la revolución Cultural es la implementación desde 1966 del sistema trabajo–estudio en partes iguales, con esto se aporta a través de otra forma a que pierda relevancia el trabajo libresco. En lo práctico esto se implementó por ejemplo entre los estudiantes secundarios quienes eran llamados por 1 o 2 años a vincularse con los trabajadores, campesinos y soldados; a vincularse en las fábricas para templarse en los tres movimientos revolucionarios: la lucha de clases, la lucha para la producción y la experimentación científica. Dichos métodos tomaron en cuenta las aptitudes prácticas y la capacidad inventiva de los jóvenes para resolver problemas concretos, ¿cuál era la aspiración de fondo? la formación de un nuevo intelectual proletario.

Estas y otras experiencias son muy valiosas a la hora de preguntarnos ¿qué propuestas educativas deberíamos hacer para un Programa de Nueva Democracia en Chile? Si bien es cierto esta experiencia (GRCP) da cuenta de un proceso posterior a la conquista del poder, en el contexto de una sociedad socialista que hizo grandes esfuerzos para alcanzar el comunismo, podemos plantear de antemano que en una Nueva Democracia se podrían implementar muchos de estos planes educativos. Dicha experiencia nos hace también pensar que los cambios culturales necesarios en una sociedad comunista se pueden acelerar desde antes de la conquista del poder, estimulando desde el período anterior de guerra revolucionaria ya la amplia participación de las masas en la crítica de los viejos programas y la elaboración de unos programas nuevos, centrados en el estudio y la aplicación del marxismo - leninismo - maoísmo.

Por último, otro de los aspectos importantes que podemos hoy en día defender y aplicar de la histórica experiencia de masas que implicó la revolución cultural tiene que ver con la necesidad de lanzar un amplio movimiento por medio del cual las masas aprendan de sus propias experiencias de lucha. Sin que se produzca un importante movimiento propagandístico que divulgue los importantes aportes de la revolución cultural sería difícil preparar desde ya la lucha contra aquellos elementos que una vez enquistados en las organizaciones revolucionarias buscarían más tarde restaurar la dominación burguesa. Así mismo, son los jóvenes quienes históricamente han asumido la tarea de lanzarse heroicamente a la revolución. En este sentido, la revolución cultural tuvo en los jóvenes a un importante batallón de vanguardia, evidentemente no puede reemplazar el papel del proletariado pero su aporte está precisamente en encender la llama de la lucha revolucionaria. Mao señalaba que: “Los intelectuales revolucionarios y los jóvenes estudiantes fueron los primeros en adquirir conciencia, lo que corresponde a las leyes del desenvolvimiento de la revolución.” Pero esto no puede omitir el hecho de que fue el proletariado quien desató la tempestad de enero en 1967 derrocando efectivamente a parte de los elementos seguidores del camino capitalista que entorpecían el avance de las masas hacia más altas conquistas que lo encaminaran al comunismo.