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Luchar contra las ideas anti-marxistas
ENARBOLANDO Y DEFENDIENDO LA BANDERA DEL COMUNISMO

“Las fundamentales divergencias tácticas en el movimiento obrero de nuestros días, en Europa y en América, se reducen a la lucha contra dos importantes corrientes que se desvían del marxismo, el que ha llegado a ser, en los hechos, la teoría predominante en este movimiento. Estas dos corrientes son: el revisionismo (el oportunismo, el reformismo) y el anarquismo (el anarcosindicalismo, el anarcosocialismo)”.
V. I. Lenin, “Las divergencias en el movimiento obrero europeo”.

El domingo 10 de septiembre la Asamblea Nacional de Derechos Humanos (ANDH) convocó a una marcha que comenzó que fue desde Plaza Los Héroes hasta el Cementerio General, con motivo de conmemorar los 33 años del golpe de Estado dado por la Junta Militar Fascista y el suicidio de Salvador Allende al interior del palacio de gobierno.

Tras el lienzo de la ANDH marcharon diversas agrupaciones de derechos humanos y familiares de detenidos desaparecidos, sectores de la aristocracia obrera y el revisionismo en todas sus vertientes. En la misma marcha se hicieron presentes grupos anarquistas, quienes se enfrentaron verbal y físicamente contra los manifestantes y más específicamente contra las juventudes revisionistas.

Los enfrentamientos entre revisionistas y anarquistas no son algo nuevo, desde hace unos años se vienen produciendo escaramuzas en casi todas las marchas y manifestaciones. Ambas posiciones, sin embargo, no representan el sentir de las masas y el pueblo. Sino, que son manifestaciones pequeño-burguesas disfrazadas de revolucionarias, pero en su esencia cristalizan una posición anti-marxista, es decir, son contrarrevolucionarias.

El revisionismo se pone de rodillas ante el gobierno burgués

Los revisionistas, por su parte, han sostenido una vez más la renuncia a la violencia revolucionaria y su apuesta por una política pacifista con los partidos de la gran burguesía. Sergio Sepúlveda, dirigente de las Juventudes “Comunistas” ha señalado:

“No descartamos la violencia como forma de lucha válida. En su momento nosotros la utilizamos para combatir a la dictadura, pero hoy estamos comprometidos con la batalla de las ideas”. (Las Últimas Noticias, 13 septiembre 2006).

Esta declaración muestra hasta que punto los dirigentes del P “C” y sus juventudes trafican con el marxismo. Al decir que se descarta la violencia como una forma de lucha válida, no se está siendo consecuente con el marxismo, no se es comunista. Más bien se intenta desmarcarse de la teoría de la violencia -expuesta por Marx y Lenin y desarrollada por Mao Tse-tung- para coquetear con ella. En circunstancia que las últimas movilizaciones nacionales han demostrado una situación revolucionara en desarrollo.

Ante las movilizaciones en alza y la tendencia a desbordar en forma creciente la legalidad burguesa, los dirigentes revisionistas se mantienen pasivos y distantes de las masas, haciendo alarde de haber empleado en el pasado métodos de lucha violentos. Esta es una cuestión, propia del general que hincha el pecho al contemplar sus medallas, no tiene validez alguna en la lucha de clases.
Queda bastante claro, entonces, que los dirigentes del P “C” y su órgano juvenil, apuestan por encontrar un espacio dentro del juego de la democracia burguesa, renunciando a la lucha del pueblo en contra de los explotadores y reemplazándola por lo que han denominado “la batalla de las ideas”. Lo que no es otra cosa que renunciar a los principios más básicos del marxismo.

En la lucha de clases no puede haber medias tintas, o se está por la transformación revolucionaria de la sociedad o se está por la defensa del régimen de explotación. No existen términos medios ni meras oposiciones verbales. Por lo tanto, quien no esté por la transformación revolucionaria de la sociedad no sólo no tiene derecho a llamarse comunista, sino que además tiene que ser señalado y combatido como un contrarrevolucionario.

Los revisionistas se han valido de las acciones de violencia llevadas a cabo por los anarquistas para condenar “toda violencia” de una sola vez, poniendo en el mismo plano la represión que ejerce el destacamento de hombres armados de la burguesía y la violencia empleada por los explotados para liberarse.

Esto no es algo nuevo en el P “C”, solamente recordemos los negros episodios vividos por el pueblo chileno tras ser arrastrados a contiendas pacíficas, y más exactamente la experiencia de la UP, que viene a expresar la mayor derrota tras intentar poner en práctica la “vía pacífica al socialismo”, en común acuerdo con los explotadores nacionales y los grandes monopolios imperialistas.

Aún cuando la experiencia de la UP es a todas luces la gran derrota del pueblo chileno, los revisionistas insisten en rememorarla como una victoria y, no contentos con ello, intentan resucitar los mimos viejos argumentos. Una vez más, para el P “C” la cuestión central no está en hacer la revolución, sino que en empañarse en “presionar” al gobierno, para que le otorgue ciertas reformas (léase migajas), así lo ha expuesto Sergio Sepúlveda:
“Nosotros no nos vamos a inhibir de manifestarnos en las calles cuando sea necesario mientras no se desarrollen las reformas democratizadoras que el país necesita”. (El Siglo, 15 septiembre 2006).

El P “C” se ha enmarcado en una política de acuerdos y compromisos con el gobierno pro-imperialista de Bachellet y con los sectores más fascistas del parlamento como Renovación Nacional. Todo con el fin de que se les garantice el acceso a sillones parlamentarios y alcaldicios.

Estos falsos comunistas han utilizado su enfrentamiento con los anarquistas para pedirle al gobierno que reprima a todos aquellos que no cumplen con las leyes establecidas por el orden burgués:

“En Chile la policía es bastante militarizada aunque se diga profesional. Pero, al parecer, no lo es tanto, ya que no logra discriminar entre ciertos sectores que de manera encapuchada, sin ningún ánimo de entregar una opinión pública, se manifiestan con violencia en la calle, y aquellos que a cara descubierta caminamos por las calles para conmemorar a nuestros compañeros, y nos reprime por igual”. (El Siglo, 15 septiembre 2006).

Con declaraciones como estas, nuestros tan respetables señores oportunistas dejan bien claro de que lado se encuentran al tiempo que se encarga de recalcarles que el revisionismo no representa ninguna amenaza para los intereses de la gran burguesía, sino que todo lo contrario, garantizan el cumplimiento y desarrollo de la opresión en contra del pueblo.

El anarquismo es una ideología pequeño-burguesa

Ante la política revisionista que se hace cómplice de toda explotación y opresión al pueblo, la cooptación de los sectores obreros por una cúpula aburguesada y corrupta (CUT) y la desesperación por encontrar una salida pronta a tanta miseria, surgen sectores descontentos que ven en el anarquismo una opción en la lucha contra la gran burguesía. Sin embargo, el anarquismo no pasa de ser una mera salida retórica al problema, la que adolece de planteamientos teóricos concretos y de una práctica científica. El anarquismo no deja de ser una opción exclusivamente emocional ante las injusticias.

Sin lograr hacer la distinción entre lo que es el verdadero comunismo y el revisionismo, los anarquistas plantean su rotunda oposición al marxismo. Basados en una ignorancia casi absoluta, califican a los revisionistas de “stalinistas”, cuando no se ve por ningún lado que han recogido algo del legado de Stalin. Es más, los mismos revisionistas han dejado bien en claro que no sólo reniegan de Stalin, sino que incluso de Lenin y de la experiencia de la URSS en general.

Los anarquistas quieren presentarle al mundo que su ideología es más revolucionaria que el marxismo, pero utilizan como parámetro el revisionismo. Y en realidad el anarquismo es mucho más radical que el revisionismo, pero no lo es respecto al verdadero comunismo (marxismo-leninismo-maoísmo). Ya que, el anarquismo no es un cuerpo teórico científico, sino que es más bien un apéndice del positivismo y del individualismo.

Solamente téngase en cuenta que en la historia de la humanidad no ha existido un grupo u organización anarquista que haya dirigido una revolución victoriosa. Lo que en ningún caso puede tomarse como mera casualidad, sino que como verificación de que el anarquismo es una ideología inviable para hacer la revolución y lograr la liberación de los pueblos.

Acá en Chile la cuestión no ha sido diferente, los anarquistas han tenido una presencia en breves períodos y en ninguno de ellos ha logrado poner en peligro el orden imperante. Los anarquistas no son capaces de alcanzar un alto grado de organización, excepto para organizar tocatas y marchas en pro de una dieta vegetariana, donde, por su puesto, no han contado con una acogida del pueblo.

Estos grupos y colectivos, tampoco han sido capaces de convocar a manifestaciones masivas, sino que se cuelgan de las convocatorias de otras organizaciones para hacerse presentes. Este 10 de septiembre no fue la excepción. Los anarquistas se plegaron a la convocatoria hecha por la ANDH para provocar escaramuzas, romper unas cuantas vitrinas y lanzar un cóctel molotov a La Moneda, posteriormente, se enfrentaron a la policía a las afueras del Cementerio General. Pero una vez reprimidos corrieron a esconderse tras las faldas de los convocantes.

Como es propio de los pequeño-burgueses, los anarquistas niegan la necesidad de que el proletariado se organice como clase, formando un Partido revolucionario. Consideran innecesaria la organización de clase, la que pretenden reemplazar con colectivos policlasistas y grupos de “acción directa”.
Ponen así el acento no en las masas, sino que en el individuo (consideran a las masas como pasivas e ignorantes, mientras que ellos se atribuyen el papel dirigente); no ven en la lucha de clases un proceso largo en donde la dirección debe estar en manos del proletariado. Pues, niegan la posibilidad de que la clase obrera ejerza su dictadura contra los elementos hostiles a la revolución.

Para los anarquistas ni siquiera es necesario que el proletariado construya el socialismo. Ellos plantean que de inmediato deben ser suprimidas las clases sociales, el Estado, los Partidos y el ejército. Pero si el proletariado suprime todos estos instrumentos ¿cómo defenderá la revolución? ¿O tal vez piensan los anarquistas que una vez derrocada la burguesía, esta no va a dar su contragolpe y que el imperialismo no va a llevar a cabo sus invasiones?

En sus sueños utópicos, nuestros defensores de la “acción directa” piensan ir a dormirse hoy en el imperialismo y despertar mañana en el comunismo. Una vez más desconocen el devenir de la historia y de la lucha de clases. Con tales postulados, lo que se hace no es más que servir a la burguesía, imprimiendo en las masas la necesidad de no organizarse.

¡Viva el comunismo!

Los comunistas no sólo debemos combatir al imperialismo y la gran burguesía, sino que además tenemos que, necesariamente, deslindar con ambos campos representantes de la pequeña-burguesía: el revisionismo y el anarquismo. Reconocemos que tanto en las bases de la organización revisionista como en los círculos anarquistas, existen personas que en su fuero interno tienen todas las intenciones de hacer la revolución, y esto hace aún más necesario que demos la lucha ideológica contra estas corrientes, a fin de que estas personas honestas, reconozcan en los comunistas su genuina organización e ideología.

Nuestra labor debe ser el ir a las masas y organizarlas para la revolución, y bien sabemos que la revolución dista mucho de sólo conseguir ciertas reformas o romper un par de vitrinas en el centro de Santiago.

Lo que necesitan las masas son: un Partido Comunista que dirija la revolución, Un Frente Único que agrupe todas las luchas del pueblo y un Ejército Revolucionario que logre derrocar mediante la violencia al destacamento de hombres armados de la burguesía. Y estos son instrumentos que los revisionistas no están empeñados en construir y que los anarquistas no se encuentran en condiciones de levantar, ya que, su culto al espontaneísmo les impide la construcción proletaria.

Los comunistas nos hemos diferenciado del resto, porque ponemos ante todo los intereses del proletariado y del pueblo por sobre cualquier otra cosa, al tiempo que hemos logrado acumular experiencia de las luchas de los pueblos (de sus victorias y derrotas) para una y otra vez empeñarnos en hacer la revolución.

Hoy no hay en el mundo una fuerza capaz de hacer frente a los imperialistas, salvo las luchas revolucionarias y guerras populares dirigidas por verdaderos Partidos Comunistas. Esto demuestra la justeza y veracidad de la ideología del proletariado. Esto muestra el camino a seguir por quienes se plantean como primera necesidad hacer la revolución. Las luchas dirigidas por comunistas en Perú, Nepal, India, Turquía y Filipinas vienen a demostrar que por más retrocesos que puedan sufrir los pueblos en sus luchas, el comunismo se alza como la ideología de la verdadera liberación de los pueblos.

En Chile, cuando aún adolecemos de una organización que dirija al pueblo en sus luchas, en momentos en que aflora el espontaneísmo y el culto a la legalidad burguesa, debemos bregar por que el proletariado se organice como clase y constituya su propio Partido. En estos momentos de “paz” en donde el pueblo sigue siendo tan oprimido como en tiempos de guerra, es una tarea impostergable bregar por la fundación de un verdadero Partido Comunista, el Partido Comunista de Chile (Marxista-Leninista-Maoísta).