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Frente a la drogadicción y el narcotráfico sólo el proletariado organizado tiene la solución

Nadie que esté en su sano juicio y se encuentre libre de dogmas y fanatismos puede sostener que el resorte de la drogadicción y el narcotráfico ha de encontrase en una cuestión climática, el azar o en la “divina providencia”. Es obvio que tanto el narcotráfico como la drogadicción son cuestiones propias de la sociedad, por lo que el problema estriba en dilucidar si estos males son causados por la sociedad en su totalidad o por parte de ésta.

Drogadicción: una manera eficaz de someter al pueblo

Si se concluye que el narcotráfico y la drogadicción son causados por la sociedad en su conjunto, entonces habremos descubierto que el consumir y traficar drogas es una actividad innata del ser humano. Si, por el contrario, llegamos a la conclusión de que la drogadicción y el narcotráfico son causados sólo por una parte de la sociedad, entonces, debemos dilucidar que parte de la sociedad es la que lo causa. Hasta el momento los sociólogos burgueses no han querido dar respuesta a esta cuestión. La razón de su silencio es muy sencilla, pues, no han querido dar a conocer aquello que se muestra tan evidente, que la drogadicción y el narcotráfico son causados por la gran burguesía en desmedro de toda la masa explotada y oprimida.

En la actual sociedad de clases, la gran burguesía recurre a los métodos que estén a su alcance para impedir que el poder le sea arrebatado, para lo cual se vale de su propio Estado en el que encontramos entre otras cosas: un cuerpo burocrático (jueces, senadores, diputados, alcaldes, concejales, etc.) y un destacamento de hombres armados (uniformados y servicios de inteligencia) al servicio del gran capital. Sin embargo, entre los medios utilizados por la gran burguesía en contra de los sectores explotados y oprimidos, también se encuentran aquellos que cumplen el papel de doblegar ideológicamente a las masas, hacerlas sumisas, torpes e incapaces de reaccionar contra el reinado del capital.

No es para nada casual que los sectores pobres que se han lanzado resueltamente a la lucha en contra de los explotadores son luego aplastados, por un lado, mediante la represión abierta y por otro lado, con la internación de grandes dosis de drogas. Así muchos sectores y poblaciones que han sido conocidas por su combatividad son hoy verdaderos ghettos al servicio del narcotráfico y de los narco-policias.

Con la internación de drogas la gran burguesía logra matar dos pájaros de un tiro: primero, enajena a grandes sectores de las masas y los vuelve verdaderos zombies a su servicio; segundo, obtiene jugosas ganancias financieras, libres de impuesto.

En 1966 Malcolm X decía: “La prensa y el gobierno culpan a los oprimidos por la droga, pero el narcotráfico internacional requiere flotas de aviones de carga, pistas de aterrizaje en varios países, redes de contactos internacionales, grandes cantidades de dinero para inversión, redes para lavar dinero, y contactos de alto nivel para sacarle el cuerpo a la Aduana y la DEA”. (Obrero Revolucionario, 24 noviembre 1996).

Para nadie debiera ser un misterio que el primer eslabón del narcotráfico, quienes mueven el negocio de la droga no son los microtraficantes (a menudo consumidores), sino que las grandes mafias amparadas en el poder de la gran burguesía. Para lo cual establecen como método “preventivo” la intervención policial en las poblaciones pobres y el hostigamiento constante a los inmigrantes pobres en las fronteras del país. Pero nada se nos dice respecto a la necesidad de espiar y reprimir a los sectores adinerados.

Así como ningún pequeñoburgués esta en condiciones de poseer un gran monopolio, ningún microtraficante se encuentra tiene las más mínimas posibilidades de hacerse cargo de un cartel. Esta cuestión sólo puede ser llevada a cabo por megamillonarios que tengan a su servicio no sólo a los burreros, sino que además grandes contactos (estadistas, jueces, ministros, senadores, jefes militares, etc.)

Los tratados de libre comercio (TLC) con las potencias imperialistas, a menudo facilitan el camino para la transacción de drogas ilícitas que se transan en paraísos fiscales a los que sólo tienen acceso las grandes compañías y monopolios.

Partiendo de premisas erróneas sólo se concluyen disparates

El imperialismo y la gran burguesía “en su lucha contra las drogas” generan sus propios organismos. Tal es el caso del CONACE en Chile, el cual para analizar las causas de la drogadicción suele partir de la falsa premisa de que es originada por disfunciones familiares, baja autoestima de los individuos involucrados, problemas psicológicos y maltrato en el hogar.

El CONACE vuelca toda su actividad en sólo “capacitar” monitores para que luego den charlas sobre lo “malo” de la droga y los estragos que puede causar en la familia. Pero la otra parte, la más importante, la parte social, es pasada por alto. Con esto se intenta hacer pensar a la población que la drogadicción es un fenómeno que afecta aisladamente a unas personas y a otras no, tal como una alergia de la que algunos se libran y otros se ven afectados.

El punto de vista de la gran burguesía y sus instituciones “anti-drogas” es del todo errado. Carece de rigurosidad científica y a lo largo de los años no muestra ninguna solución concreta. Las instituciones “anti-drogas” del gobierno no son más que una cortina de humo que intenta tapar los verdaderos orígenes y movimientos del negocio del narcotráfico y la drogadicción.

Cuando el problema del narcotráfico pareciera escapar de las manos del gobierno, de inmediato las poblaciones pobres son intervenidas por las fuerzas policiales. Sin embargo, el flujo de las transacciones no disminuye, sino que, al contrario, se mantiene o aumenta. Pero ¿qué hace la policía entonces? Su labor de intervención no está dirigida a terminar con el narcotráfico, sino más bien a mantener a la población en general bajo su vigilancia, reprimiendo así cualquier intento de organización por parte de las masas.

En los momentos en que las masas se organizan para combatir el narcotráfico y se enfrentan directamente contra los vendedores de droga, la policía sale en defensa de los últimos. Tanto carabineros como investigaciones están coludidos con los narcotraficantes y no sólo hacen la vista gorda ante sus negocios, sino que además le proveen información. Es por esto que ya nadie se atreve a denunciar a la policía o a los tribunales de justicia a un narcotraficante, porque “curiosamente” siempre se sabe quien hace las denuncias.

El punto de vista pequeñoburgués

La ideología pequeñoburguesa en todas sus variantes plantea que en el problema del narcotráfico y la drogadicción son problemas individuales y hasta cuestiones con las que se puede convivir. No es extraño, entonces, encontrar sujetos que vienen a plantear que el consumo de drogas es también una forma de rebelarse y emplazan al gobierno a legalizar la marihuana.

Conocido es el consumo de drogas en las Juventudes “Comunistas” y en sectores anarquistas. Algunos como el grupo Surda van mucho más allá y hasta hacen proselitismo a la marihuana, editando la revista “cañamo”, en donde según ellos se pueden encontrar “las virtudes” de esta planta.

Los sectores pequeñoburgueses que intentan disfrazar su petición de legalización de la marihuana como una demanda popular, no dicen que pasaría realmente si esta droga se legaliza. Ellos por su parte se remiten a decir que con la legalización de la marihuana se terminaría con el narcotráfico. Pero eso es totalmente falso y lo explicaremos a continuación.

Si se legaliza la marihuana ¿los narcotraficantes cerraran sus negocios? Sin duda que casi ningún narcotraficante se dedica a vender sólo un tipo de droga ilícita, sino que vende varias al mismo tiempo y si se llegara a legalizar la marihuana, simplemente se dedicaría a vender otras drogas. Esta cuestión resulta bastante obvia.

Con la legalización de la marihuana ¿quién se haría cargo de su industrialización? Claramente las grande corporaciones y monopolios, las mismas que hoy se encargan de la megaproducción de cigarrillos y bebidas alcohólicas. Esto es bien simple porque: primero, quienes hoy consumen esta droga (especialmente jóvenes) sin la autorización de sus padres, no la consumirán libremente sólo porque ha sido legalizada, por lo que tendrán que acudir a cualquier negocio autorizado a comprar marihuana elaborada; segundo, ¿que hace pensar que si se legaliza sus consumidores fabricaran sus propios cigarrillos de marihuana? Ya que el tabaco es una droga legal y casi nadie tiene sus propias plantas, sino que todo lo contrario, la gran mayoría de los fumadores de tabaco acuden a comprar sus paquetes de cigarros.

Como se ve, el problema del narcotráfico no es legalización v/s ilegalización, sino que el problema es la droga misma en manos de la gran burguesía. Sean las drogas legales o ilegales los grandes magnates serán siempre quienes se lleven las ganancias. Esto ya lo sabían los economistas de la burguesía conocidos como los “Chicago Boys”, los que sostuvieron que el gobierno debiera desligarse de todo y permitir la comercialización de cualquier cosa, incluyendo las drogas y la prostitución.

Como la revolución guiada por el proletariado ha terminado con la droga y el narcotráfico

Antes de que en China triunfará la Revolución de Nueva Democracia y luego la Revolución Socialista, gran parte de este país estaba sumido en un gran problema de drogadicción. Los colonialistas ingleses introdujeron masivamente el opio y la heroína, dejando un saldo de 70 millones de adictos. Muchos gastaban todo su dinero en una dosis de droga en lugar de alimentarse, otros se prostituían o prostituían a sus hijos.

China tenía, sin lugar a dudas, el peor problema de drogadicción que ha visto el mundo. Lo que era muy rentable para los colonialistas ingleses, quienes son el tráfico de droga, no sólo financiaron la conquista de China, sino que además, lograron sacar más ganancias aún.

A medida que los ejércitos de Mao Tse-tung iban derrotando a los contrarrevolucionarios iban barriendo los vendedores, los cultivos de amapola e incorporaban a los adictos a campañas de rehabilitación y educación. Así, al triunfar la Revolución Socialista en 1949, China disminuir drásticamente la drogadicción y en 1951 declaró no tener ningún adicto a las drogas. Lo que no pudieron lograr los opresores lo logró la revolución. Esto demostraba que solamente el proletariado organizado como vanguardia de las masas puede hacer frente a cualquier desafío y salir victorioso.

Los revolucionarios chinos lograron movilizar a las grandes masas en campañas contra la droga y hasta llegaron a involucrar a los propios ex adictos y sus familias. En todos lo barrios se organizaban mitines para quemar drogas. Los niños en las escuelas hicieron uso de todos los medios de difusión para apoyar tales campañas.
Al tiempo que se fueron desbaratando las mafias, las masas ejercían vigilancia sobre los consumidores y no les daban espacios para drogarse. En síntesis, las grandes masas dirigidas por los comunistas terminaron con el narcotráfico y la drogadicción.
La lucha contra el narcotráfico y la drogadicción no es una cuestión que le competa a las organizaciones de gobierno ni a las organizaciones no gubernamentales (ONG). La lucha contra este mal es una lucha de las masas en general y de los revolucionarios en particular. El derrotar al narcotráfico y la drogadicción es parte integral de la revolución.

Solamente el derrocamiento de viejo Estado y la instauración de la dictadura del proletariado son garantía para que el narcotráfico y la drogadicción pasen a la historia. Ni los gobiernos burgueses ni la iglesia tienen la salida a los estragos que causa el narcotráfico y la drogadicción en parte de la población. La única solución es la organización revolucionaria del proletariado.