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PSU 2007
CERRADO EL PASO A LA UNIVERSIDAD PARA LOS ESTUDIANTES POBRES


Los desastrosos resultados de la PSU

Las promesas de “equidad”, inversiones en educación, políticas gubernamentales, etc. Han resultado todas ellas un montón de mentiras. Mientras Michelle Bachelet y la Ministra de Educación Yasna Provoste posaban en las cámaras de televisión, el gran grueso de la juventud popular veía diluida sus posibilidades de ingresar a la universidad.

Los resultados de la última versión Prueba de Selección Universitaria (PSU) –al igual que en los años anteriores- viene a ratificar lo innegable, que en Chile los estudiantes pobres tienen cerrado el paso a la educación universitaria.

Si en el 2006 la diferencia entre liceos particulares y liceos municipales ya era escandalosa -teniendo los primeros un promedio de 590 puntos y los últimos un promedio 475 puntos- este año la diferencia subió en 10 puntos.

De los 10 liceos con mayor cantidad de puntajes nacionales, sólo hay un liceo municipal (Instituto Nacional) y un liceo particular subvencionado (Padre Hurtado de Chillán). Los otros 8 liceos son particulares pagados; y de ellos sólo uno está ubicado en la comuna de Santiago (Instituto Alonso de Ercilla), el resto están ubicados en Vitacura, Las Condes y Providencia, sectores que componen el “barrio alto” de Santiago. Es decir, el 70% de los establecimientos con mayor puntaje nacional de la PSU en todo Chile, están concentrados en un sector donde ningún estudiante pobre puede ingresar.

Luego de conocidos los resultados arrojados por la PSU, la ministra Yasna Provoste no planteó otra cosa que: “se está trabajando en las correcciones que permitan la inclusión”. (La nación 9 de enero) Palabras que a son evidentemente un burla para los estudiantes pobres. Se les habla de “incluirlos” cuando los resultados muestran que la PSU resulta cada vez más excluyente para ellos ¿en qué planeta vive la ministra?

Ante los cuestionamientos sobre el papel jugado por el gobierno en materias educacionales y la gran brecha que separa a la educación particular de la educación municipal, la señora Provoste afirmó:

"Los resultados de la PSU son bastante estables respecto de lo que había sucedido en años anteriores. Nosotros no tenemos una serie histórica muy larga, esta es la cuarta versión de la PSU, pero claramente es un esfuerzo que, en materia de política educacional se realiza, tienden a ir borrando estas desigualdades respecto de aquellos jóvenes que provienen de familias que tienen recursos económicos más limitados y los que tienen más" (Idem)

Con estas palabras la ministra se vale de la excusa de que la PSU lleva poco tiempo y que, por lo tanto, no se le pueden achacar errores, más bien se les debiera perdonar (una forma bastante burda de eludir su responsabilidad). Y a continuación dice que se están llevando a cabo esfuerzos por borrar las desigualdades. Nuevamente, se echa mano a la mentira, nadie ha visto donde están materializados esos esfuerzos por borrar las desigualdades, al contrario todo muestra que las riquezas se concentran cada vez más en pocas manos, mientras la pobreza, la escasez, la falta de oportunidades y los empleos precarios siguen en aumento.

Por su parte, Michelle Bachelet salió al paso diciendo: "Yo se que hay muchas familias y muchos jóvenes que deben estar con un sentimiento de frustración muy importante (...) Y estamos haciendo grandes esfuerzos porque la educación superior sea menos discriminatoria". (La tercera online 9 de enero)

Como era de esperarse, Bachelet también haciendo gala de sus dotes cantinfleros, hablando mucho y no diciendo nada, al mismo tiempo. Al igual que su ministra, sostiene que se siguen haciendo esfuerzos para que la educación superior sea menos discriminatoria. Pero ¿cuáles son realmente esos esfuerzos? La verdad es que tenemos derecho a preguntarnos esto porque vemos que el único gran esfuerzo lo hacen los trabajadores para educar a sus hijos, mientras Bachelet y compañía pasan el día cortando cintas de inauguraciones frente a las cámaras, al más puro estilo de Joaquín Lavín.

Hasta el momento, los únicos esfuerzos del gobierno son entregar más recursos a los empresarios de la educación y dejar a su suerte a los establecimientos municipales, con el único objetivo de sepultar la educación pública, terminando para siempre con la aspiración de que los estudiantes pobres puedan acceder a la universidad. Esto queda manifestado con las declaraciones del día 9 de enero de Michelle Bachelet, en donde puntualizó:

"Creo firmemente como muestra la experiencia de los países más desarrollados que la educación técnica no sólo representa uno de los pilares de desarrollo para el país, sino también puede ser una oportunidad creciente de realización personal y laboral para nuestros jóvenes".

Con estas palabras nos dice que los estudiantes de bajos recursos económicos se olviden de ingresar a la universidad y “opten” por una educación técnica. Pero nosotros sabemos que la educación técnica tampoco garantiza que una vez egresados los estudiantes puedan siquiera obtener trabajo. Bachelet quiere hacernos creer que de ello depende que Chile salga del subdesarrollo y se convierta en un país desarrollado, entonces que comience mandando a sus propios hijos y a los hijos de los ministros a liceos polivalentes.

La triste realidad de la educación chilena, que se acentúa en el gobierno de la Junta Militar Fascista, es hoy continuada y reforzada por los co-gobiernos de la concertación y la alianza.-

 

 

Lo que se esconde tras la PSU

En Chile existe una educación diferenciada, dependiendo de la clase social a la que pertenezca cada estudiante. Para los hijos de la gran burguesía: establecimientos educacionales particulares, con buena infraestructura, bibliotecas adecuadas, equipos de psicólogos y todo lo que se requiera para que el estudiante pueda tener un buen proceso de aprendizaje; para los hijos de la pequeña-burguesía: colegios y liceos particulares subvencionados, donde el nivel de enseñanza no es malo, pero dista mucho del de los colegios y liceos privados; finalmente, para los hijos de obreros, campesinos y semi-proletarios: establecimientos municipales, donde difícilmente se llega a impartir un 70% de los Contenidos Mínimos Obligatorios (CMO).
Al terminar su enseñanza media, todos los alumnos inscritos (independiente de su clase social) son sometidos a una única prueba, la PSU. Y es a partir del resultado que arrojen en dicho test que se decide si el estudiante podrá ingresar a no a una Universidad del Consejo de Rectores o Universidad estatal.
Como vemos, todos los egresados de enseñanza media que deseen ingresar a la universidad deben rendir la misma prueba. Esta cuestión que aparenta justicia, es la más injusta que pueda haber. Debido a que dan una misma prueba tanto aquellos que han tenido acceso a todos los medios como quienes no han tenido acceso a casi ninguno. Es decir, la PSU es una prueba elitista, que más que democratizar el ingreso a la universidad, tiene la finalidad de cerrar las puertas de la educación superior a la juventud popular.
La PSU es una nueva edición de la Prueba de Aptitud Académica (PAA) es un instrumento, se le ha copiado a las universidades yanquis por los años sesenta y ha sido mantenido por los gobiernos de Frei, Allende, Pinochet y hoy es defendido por los gobiernos de la concertación. La PSU aparte de ser una prueba elitista, es un test que viene a manifestar lo perverso del sistema educacional chileno. Pues, con una prueba como la PSU -donde el postulante debe memorizar dogmáticamente y responder una alternativa que será calificada según el criterio de quienes elaboraron la prueba- queda bastante claro que las universidades en Chile no se interesan por contar con estudiantes que tengan capacidad de interpretar, razonar y cuestionar los fenómenos. Lo que les interesa a las universidades es contar con estudiantes que aprendan de memoria y no cuestionen lo aprendido. En pocas palabras, la educación superior apunta a acumular datos y no a interpretarlos.
El tipo de formación impartida por las universidades nos muestra que la educación superior lejos de tener como objetivo de satisfacer las necesidades de los estudiantes o profesores, lo que busca es satisfacer las necesidades de las grandes empresas, que son donde irán a desempeñar sus funciones quienes egresen de la universidad (si tienen la suerte de encontrar trabajo en lo que estudiaron).
La educación superior es la preparación para que los estudiantes, una vez titulados se desempeñen en una empresa determinada. Pero esta educación es del tipo yanqui, es decir, individualista, dogmática y acrítica. Tanto así que no es raro que un estudiante universitario se vea impedido de contradecir a su profesor si no quiere ser reprobado en la asignatura.