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LLEVAR LA REVOLUCIÓN HASTA EL FIN*

Mao Tse-tung
30 de diciembre de 1948

* Mensaje de Año Nuevo de 1949 escrito por el camarada Mao Tse-tung para la Agencia de Noticias Sinjua. El presente texto ha sido extraido de las Obras Escogidas de Mao Tsetung. Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekin 1971, pags 311-320.

El pueblo chino logrará la victoria final en la gran Guerra de Liberación. Ni siquiera nuestros enemigos lo ponen ya en duda.

La guerra ha recorrido un camino sinuoso. Cuando el gobierno reaccionario del Kuomintang inició la guerra contrarrevolucionaria, contaba con tropas aproximadamente tres veces y media superiores en número a las del Ejército Popular de Liberación; los armamentos, recursos humanos y materiales de su ejército sobrepasaban en un grado aún mayor a los del nuestro; disponía de industrias modernas y medios modernos de comunicación, de los que carecía el Ejército Popular de Liberación; había recibido del imperialismo norteamericano una enorme ayuda militar y económica, y había realizado largos preparativos. Por estas razones, el primer año de la guerra (julio de 1946 junio de 1947) se caracterizó porque el Kuomintang estuvo a la ofensiva y el Ejército Popular de Liberación a la defensiva. En 1946, en el Nordeste de China, el Kuomintang ocupó Shenyang, Siping, Changchun, Chilin, Antung y otras ciudades, así como la mayor parte de las provincias de Liaoning, Liaopei y Antung(1) ; al Sur del río Amarillo, ocupó Juaiyin, Jetse y otras ciudades y la mayor parte de las regiones liberadas de Jupei-Jonán-Anjui, Chiangsú-Anjui, Jonán-Anjui-Chiangsú y el Sudoeste de Shantung; y al Norte de la Gran Muralla, ocupó Chengte, Chining, Changchiakou y otras ciudades y la mayor parte de las provincias de Yejé, Suiyuán y Chajar. El Kuomintang lanzaba bravatas y fanfarroneaba como un héroe sin rival en el mundo. El Ejército Popular de Liberación adoptó una línea estratégica correcta, que tenía como objetivo principal liquidar a la fuerza viva del Kuomintang en vez de mantener territorios, y destruyó cada mes un promedio de unas ocho brigadas de tropas regulares del Kuomintang (equivalentes a ocho divisiones actuales); obligándolo finalmente a abandonar su plan de ofensiva general y a limitar, en la primera mitad de 1947, los objetivos principales de su ataque a las dos alas del frente Sur, es decir, Shantung y el Norte de Shensí. En el segundo año (julio de 1947 - junio de 1948), se produjo un cambio radical en la guerra. Después de liquidar un gran número de tropas regulares del Kuomintang, el Ejército Popular de Liberación pasó de la defensiva a la ofensiva en los frentes Sur y Norte, mientras que el Kuomintang tuvo que pasar de la ofensiva a la defensiva. El Ejército Popular de Liberación no sólo recuperó la mayor parte de los territorios perdidos en el Nordeste de China, en Shantung y en el Norte de Shensí, sino que extendió también el frente de batalla a las regiones dominadas por el Kuomintang al Norte de los ríos Yangtsé y Weishui. Además, en el transcurso de los combates por la conquista de las ciudades de Shichiachuang, Yüncheng, Siping, Luoyang, Yichuan, Paochi, Weisien, Linfen y Kai-feng, nuestro ejército dominó la táctica de tomar por asalto puntos poderosamente fortificados(2). El Ejército Popular de Liberación formó sus unidades de artillería y de ingenieros. No hay que olvidar que el Ejército Popular de Liberación no tenía ni aviones ni tanques, pero una vez que formó unidades de artillería y de ingenieros superiores a las del ejército kuomintanista, el sistema defensivo de este último, con todos sus aviones y tanques, resultó, por contraste, insignificante. El Ejército Popular de Liberación estaba ya en condiciones de librar no sólo una guerra de movimientos, sino también una guerra de posiciones. En la primera mitad del tercer año de la guerra (julio-diciembre de 1948) ha ocurrido otro cambio radical. El Ejército Popular de Liberación, inferior durante largo tiempo en efectivos, ha alcanzado la superioridad numérica. Se ha hecho capaz no sólo de tomar ciudades poderosamente fortificadas del Kuomintang, sino también de cercar y destruir en una sola acción poderosas agrupaciones de tropas selectas del Kuomintang, de uno o varios cientos de miles de hombres. El ritmo con que el Ejército Popular de Liberación liquida a las tropas del Kuomintang se ha vuelto mucho más rápido. Veamos las estadísticas sobre el número de unidades regulares del Kuomintang, del nivel de batallón para arriba, que hemos destruido (incluidas las tropas enemigas que se han sublevado y se han pasado a nuestras filas). En el primer año, 97 brigadas, entre las cuales 46 brigadas enteras; en el segundo año, 94 brigadas; entre las cuales 50 enteras, y en la primera mitad del tercer año; según datos incompletos, 147 divisiones, entre las cuales 111 divisiones enteras(3). El número de divisiones enteras del enemigo liquidadas en estos seis meses supera en 15 al total de las que liquidamos en los dos años anteriores. El frente estratégico del enemigo se ha desintegrado totalmente. Las tropas enemigas en el Nordeste han sido completamente liquidadas, las del Norte de China lo serán pronto, y en el Este de China y en las Planicies Centrales sólo queda un número reducido de fuerzas enemigas. El aniquilamiento, al Norte del río Yangtsé, de las fuerzas principales del Kuomintang facilita grandemente el próximo cruce de este río por el Ejército Popular de Liberación y su avance hacia el Sur para liberar a toda China. Paralelamente con la victoria en el frente militar, el pueblo chino ha logrado grandes victorias en los frentes político y económico. Por esta razón, la opinión pública mundial, incluida toda la prensa imperialista, ya no pone más en duda que el pueblo chino logrará la victoria nacional en su Guerra de Liberación.

El enemigo no desaparecerá por sí mismo. Ni los reaccionarios chinos ni las fuerzas agresoras del imperialismo norteamericano en China se retirarán por su propia voluntad del escenario de la historia. Precisamente porque se dan cuenta de que ya no pueden impedir mediante la lucha puramente militar la victoria nacional del pueblo chino en su Guerra de Liberación, conceden cada día más importancia a la lucha política. Por una parte, los reaccionarios chinos y los agresores norteamericanos están utilizando al gobierno kuomintanista existente para su maquinación de "paz"; por otra parte, proyectan servirse de ciertas personas que mantienen relaciones tanto con ellos como con el campo revolucionario, incitándolas e instigándolas a que trabajen arteramente, se deslicen por todos los medios en el campo revolucionario y formen en su seno una llamada oposición; con el fin de preservar las fuerzas reaccionarias y socavar las fuerzas revolucionarias. Según informaciones fidedignas, el Gobierno de los EE.UU. ya ha elaborado este plan tenebroso y ha comenzado a ejecutarlo en China. Ha cambiado su política de simple apoyo a la guerra contrarrevolucionaria del Kuomintang por una política que consiste en utilizar dos formas de lucha:

1. Organizar los restos de las fuerzas armadas del Kuomintang y las llamadas fuerzas locales para continuar resistiendo al Ejército Popular de Liberación al Sur del río Yangtsé y en las remotas provincias fronterizas.
2. Organizar una oposición dentro del campo revolucionario para detener por todos los medios la revolución en donde está; o, sí ésta ha de avanzar, moderarla e impedirle perjudicar demasiado los intereses de los imperialistas y sus lacayos.

Los imperialistas ingleses y franceses apoyan esta política norteamericana. Ahora, mucha gente todavía no ve con claridad esta situación, pero tal vez no pase largo tiempo antes de que lo haga.

El problema que ahora se plantea al pueblo chino, a todos los partidos democráticos y a todas las organizaciones populares, es llevar la revolución hasta el fin o abandonarla a mitad de camino. Llevar la revolución hasta el fin significa emplear métodos revolucionarios para liquidar resuelta, definitiva, cabal y totalmente todas las fuerzas de la reacción, persistir sin vacilaciones en derribar al imperialismo, al feudalismo y al capitalismo burocrático, derrocar en todo el país la dominación reaccionaria del Kuomintang y establecer una república que sea una dictadura democrática popular, dirigida por el proletariado y basada en la alianza de los obreros y los campesinos. De este modo, la nación china se emancipará totalmente, el país se transformará de semicolonia en Estado auténticamente independiente; el pueblo chino se liberará por completo, se sacudirá de una vez por todas el yugo del feudalismo y del capital burocrático (el capital monopolista chino), y, como resultado de ello, se realizará la paz basada en la unidad y la democracia, se crearán las condiciones previas para transformar a China de país agrícola en país industrial, y se hará posible el paso de una sociedad fundada sobre la explotación del hombre por el hombre a una sociedad socialista. Abandonar la revolución a mitad de camino significa ir contra la voluntad del pueblo, someterse a la voluntad de los agresores extranjeros y de los reaccionarios chinos y dar tiempo al Kuomintang a curar sus heridas, para que un buen día se abalance repentinamente sobre la revolución con el fin de estrangularla y sumir de nuevo a todo el país en las tinieblas. Así precisamente, con toda claridad y toda agudeza, se plantea ahora el problema. De los dos caminos, ¿cuál elegir? Cada partido democrático, cada organización popular de China debe reflexionar sobre este problema, elegir su camino y aclarar su posición. El que los partidos democráticos y organizaciones populares de China puedan o no cooperar sinceramente, sin separarse a mitad de camino, depende de que concuerden o no en este problema y adopten una acción unánime para derrocar al enemigo común del pueblo chino. Lo que aquí se necesita es la unanimidad y la cooperación, y no crear una "oposición", ni adoptar un "camino intermedio"(4).

En el largo período de más de veinte años desde el golpe de estado contrarrevolucionario del 12 de abril de 1927(5) hasta el presente, ¿acaso los reaccionarios chinos, encabezados por Chiang Kai-shek y los de su calaña, no han dado pruebas suficientes de que son una pandilla de verdugos cubiertos de sangre que asesinan a la gente sin parpadear? ¿No han dado acaso pruebas suficientes de que son una banda de lacayos del imperialismo y vendepatrias profesionales? Medítenlo todos: Desde el Incidente de Sían de diciembre de 1936, desde las negociaciones en Chungching de octubre de 1945 y desde la Conferencia Consultiva Política de enero de 1946, ¡qué bondadoso, qué magnánimo ha sido el pueblo chino con estos bandidos, movido por la esperanza de lograr con ellos la paz interna! Pero toda esta buena voluntad ¿ha cambiado su naturaleza de clase siquiera en un ápice? Entre estos bandidos no hay ni uno solo cuyo pasado no esté indisolublemente ligado al imperialismo norteamericano. Apoyados en éste, han sumido a nuestros 475 millones de compatriotas en una inmensa guerra civil de brutalidad sin precedentes y han asesinado millones y millones de hombres y mujeres, jóvenes y viejos, con bombarderos, cazas, cañones, tanques, bazookas, fusiles automáticos, bombas napalm, proyectiles de gases tóxicos y otras armas mortíferas, proporcionadas todas por el imperialismo norteamericano. Y éste, por su parte, apoyándose en esos bandidos, ha arrebatado a China los derechos soberanos sobre su territorio, sus mares y su espacio aéreo, así como el derecho de navegación fluvial, y se ha arrogado privilegios comerciales, privilegios en los asuntos interiores y exteriores de China, e incluso el privilegio de matar a la gente, de lanzar sus coches sobre ella y de violar a las mujeres, todo esto con absoluta impunidad. ¿Acaso el pueblo chino, obligado a mantener una guerra tan larga y sangrienta, debe aún mostrarse afectuoso y tierno con estos feroces enemigos en vez de destruirlos y echarlos de una vez para siempre? Sólo con la completa destrucción de los reaccionarios chinos y con la expulsión de las fuerzas agresoras del imperialismo norteamericano, puede China obtener la independencia, la democracia y la paz. ¿Acaso no está ya clara esta verdad?

Lo que merece atención es que, de repente, los enemigos del pueblo chino hacen todo lo posible por adoptar un aire inofensivo y aun lastimero (lectores, recuerden que en adelante aún tratarán de adoptar este aire lastimero). Sun Fo, quien acaba de llegar a ser presidente del Yuan Ejecutivo del Kuomintang, ¿no declaró en junio del año pasado que "se logrará tarde o temprano un arreglo, a condición de que en el terreno militar combatamos hasta el fin”? Pero esta vez, tan pronto como asumió su cargo, se puso a perorar sobre una "paz honorable", diciendo que "el Gobierno se había esforzado por lograr la paz y sólo recurrió a las armas porque la paz no se podía obtener, pero el objetivo final de recurrir a las armas seguía siendo el restablecimiento de la paz". Inmediatamente después, un despacho de la United Press, transmitido el 21 de diciembre desde Shanghai, vaticinó que la declaración de Sun Fo "encontraría la más amplia aprobación en los círculos oficiales de los EE.UU. y entre los liberales kuomintanistas". En la actualidad, los círculos oficiales norteamericanos no sólo muestran un interés fervoroso por la "paz" en China, sino que también afirman reiteradamente que, desde la Conferencia de Moscú de los Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, EE.UU. e Inglaterra celebrada en diciembre de 1945, los EE.UU. se han atenido a una "política de no ingerencia en los asuntos internos de China". ¿Cómo debemos tratar a estos señores del "País de los Caballeros”? Aquí viene al caso citar una antigua fábula griega:

Un día de invierno, un labrador encontró una serpiente congelada por el frío. Compadecido, la recogió y la abrigó contra el pecho. Con el calor revivió la serpiente, recuperó sus instintos naturales y dio a su benefactor una mordedura fatal. el labrador agonizante dijo: "Recibo lo merecido por haber tenido compasión de una criatura maligna."(6)

Las serpientes venenosas, extranjeras y chinas, esperan que el pueblo chino muera como el labrador y que el Partido Comunista de China y todos los demócratas revolucionarios chinos sean, como él, bondadosos con ellas. Pero el pueblo chino, el Partido Comunista y los verdaderos demócratas revolucionarios de China han oído y tienen bien presentes las últimas palabras de este labrador. Además, las serpientes que infestan la mayor parte de China, grandes o pequeñas, negras o blancas, con sus colmillos venenosos al aire o transformadas en mujeres bellas, todavía no están congeladas, aunque ya sienten la amenaza del invierno.

El pueblo chino jamás tendrá piedad de los malvados semejantes a las serpientes, y considera de buena fe que de ningún modo son fieles amigos suyos aquellos que dicen insidiosamente que es preciso tener piedad de estos malvados y que actuar de otro modo estaría en desacuerdo con las tradiciones chinas o sería carecer de grandeza, etc. ¿Por qué se debe tener piedad de malvados semejantes a las serpientes? ¿Qué obrero, qué campesino, qué soldado opina que hay que tenerles piedad? Es cierto, hay "liberales kuomintanistas" o "liberales" no kuomintanistas que aconsejan al pueblo chino que acepte la "paz" ofrecida por los EE.UU. y el Kuomintang, es decir, que guarde y adore, como cosa sagrada, los vestigios del imperialismo, del feudalismo y del capitalismo burocrático, para que estos tesoros no desaparezcan de la tierra. Pero ellos de ningún modo son obreros, ni campesinos, ni soldados, ni tampoco amigos de los obreros, campesinos y soldados.

Sostenemos que el campo revolucionario del pueblo chino debe ampliarse y abarcar a todos los que estén dispuestos a incorporarse a la causa revolucionaria en su etapa actual. La revolución del pueblo chino necesita fuerzas principales y también fuerzas aliadas, pues un ejército sin aliados no puede vencer al enemigo. El pueblo chino, ahora en pleno ascenso revolucionario, necesita amigos, debe acordarse de sus amigos y no olvidarlos. Sin duda hay en China no pocos amigos que son fieles a la causa revolucionaria del pueblo y que se esfuerzan por defender los intereses del pueblo y se oponen a proteger los del enemigo, y no cabe duda de que a ninguno de ellos se debe olvidar o tratar con indiferencia. También sostenemos que se debe consolidar el campo revolucionario del pueblo chino y no permitir que en él se infiltren elementos nocivos ni prevalezcan opiniones equivocadas. Además de acordarse de sus amigos, el pueblo chino, ahora en pleno ascenso revolucionario, debe también tener muy presentes a sus enemigos y a los amigos de sus enemigos. Como hemos dicho más arriba, el enemigo utiliza solapadamente el método de "paz" y el de infiltración en el campo revolucionario, a fin de conservar y fortalecer sus posiciones, en tanto que los intereses fundamentales del pueblo exigen la liquidación completa de todas las fuerzas reaccionarias y la expulsión de China de las fuerzas agresoras del imperialismo norteamericano; por tanto, quienes aconsejan al pueblo tener piedad del enemigo y preservar las fuerzas de la reacción, no son amigos del pueblo, sino amigos del enemigo.

El impetuoso oleaje de la revolución china obliga a todas las capas sociales a definir su actitud. Se produce un nuevo cambio en la correlación de fuerzas de las clases en China. Grandes multitudes se libran de la influencia y del control del Kuomintang y se pasan al campo revolucionario; los reaccionarios chinos, aislados y abandonados, han caído en un atolladero sin esperanza. Mientras más y más se acerca la Guerra Popular de Liberación a la victoria final, más sólidamente se unen todo el pueblo revolucionario y todos los amigos del pueblo, que, dirigidos por el Partido Comunista de China, exigen resueltamente que sean destruidas por completo las fuerzas reaccionarias y se desarrollen plenamente las fuerzas revolucionarias hasta que se funde una república democrática popular en escala nacional y se logre una paz basada en la unidad y la democracia. Los imperialistas norteamericanos, los reaccionarios chinos y sus amigos, por el contrario, son incapaces de unirse sólidamente y se enzarzarán en infinitas pendencias, ultrajes, recriminaciones y traiciones. Cooperarán, sin embargo, en un punto: hacer todo lo posible por socavar las fuerzas revolucionarias y preservar las fuerzas reaccionarias. Recurrirán a todos los medios, abiertos y secretos, directos e indirectos. Pero puede afirmarse en definitiva que sus intrigas políticas sufrirán la misma derrota que sus ataques militares. El pueblo chino y su Estado Mayor Central, el Partido Comunista de China, que ya tienen mucha experiencia, destrozarán de seguro las intrigas políticas del enemigo, de la misma manera que han desbaratado sus ataques militares, y llevarán hasta el fin la gran Guerra Popular de Liberación.

En 1949, el Ejército Popular de Liberación de China avanzará sobre las zonas al Sur del río Yangtsé y obtendrá victorias aún mayores que en 1948.

En 1949, en el frente económico lograremos éxitos aún más grandiosos que en 1948. Nuestra producción agrícola e industrial alcanzará un nivel más alto, y se restablecerán completamente las comunicaciones ferroviarias y camineras. Las tropas de campaña del Ejército Popular de Liberación se desprenderán en sus operaciones de ciertas supervivencias guerrilleras y su carácter de ejército regular alcanzará un nivel más elevado.

En 1949, se celebrará la Conferencia Consultiva Política en la cual ningún reaccionario será admitido y cuyo objetivo será cumplir las tareas de la revolución popular; se proclamará la República Popular China y se constituirá el Gobierno central de la República. Este será un gobierno democrático de coalición dirigido por el Partido Comunista de China, con la participación de representantes apropiados de los partidos democráticos y de las organizaciones populares.

Estas son las principales tareas concretas que el pueblo chino, el Partido Comunista de China y todos los partidos democráticos y organizaciones populares de China deben esforzarse por cumplir en 1949. No retrocederemos ante ninguna dificultad y nos uniremos como un solo hombre para cumplir estas tareas.

La opresión feudal varias veces milenaria y la centenaria opresión imperialista serán, en el curso de nuestra lucha, derrocadas de una vez para siempre. El año 1949 será un año de suma importancia. Debemos redoblar nuestros esfuerzos.

NOTAS

(1) Después de la rendición japonesa en 1945 el gobierno del Kuomintang dividió las tres provincias del Nordeste - Liaoning, Chilin y Jeilungchiang - en nueve provincias: Liaoning, liaopei, Antung, Chilin, Jechiang, Sungchiang Jeilungchiang Nunchiang y Singan. En 1949, nuestra Comisión Administrativa del Nordeste dividió de nuevo la región en cinco provincias: Liaotung, Liaosi, Chilin, Jeilungchiang y Sungchiang: junto con Yejé, se las llamaba entonces las Seis provincias del Nordeste. En 1954, el Consejo del Gobierno Popular Central fusionó las dos provincias de Liaotung y Liaosi en una, la de Liaoning, y las dos provincias de Sungchiang y Jeilungchiang en otra, la de Jeilungchiang, mientras que Chilin quedó igual como antes. En 1955, se suprimió la provincia de Yejé y sus territorios fueron divididos e incorporados a las provincias de Jopei y Liaoning y a la región autónoma de Mongolia Interior.

(2) Shichiachuang fue conquistado el 12 de noviembre de 1947; Yüncheng, el 28 de diciembre de 1947; Siping, el 13 de marzo de 1948; Luoyang, la primera vez el 14 de marzo de 1948 y la segunda vez el 5 de abril de 1948; Yichuan el 3 de marzo de 1948: Paochi, el 26 de abril de 1948; Weisien, el 27 de abril de 1948; Linfen, el 17 de mayo de 1948, y Kaifeng, el 22 de junio de 1948. Todas estas ciudades estaban fortificadas con numerosos grupos de blocaos, y algunas tenían altas y gruesas murallas; además; contaban todas con defensas accesorias, incluidos múltiples fosos exteriores; alambradas y empalizadas. En esa época nuestro ejército no tenía aviones ni tanques; y poseía escasa o ninguna artillería. Al conquistar estas ciudades, nuestro ejército aprendió una serie completa de tácticas para tomar por asalto puntos poderosamente fortificados. Estas tácticas son:
1) Demolición sucesiva: usar explosivos para volar una tras otra las diferentes instalaciones defensivas del enemigo.
2) Trabajos de minas: excavar en secreto túneles hasta debajo de los blocaos o las murallas del enemigo, a fin de volarlos con explosivos y lanzar en seguida violentos ataques.
3) Trabajos de aproches: excavar trincheras hacia las fortificación enemigas acercarse en forma encubierta y lanzar ataques repentinos.
4) Lanzamiento de paquetes de explosivos: disparar, con tubos metálicos o morteros, paquetes de explosivos para destruir las obras defensivas enemigas.
5) Táctica del "puñal": concentrar las fuerzas y los fuegos pasa abrir una brecha y luego cortar y despedazar las fuerzas enemigas.

(3) Las brigadas que aquí se mencionan eran aquellas designadas como tales después de la reorganización del ejército del Kuomintang, y las divisiones en cuestión, divisiones de antes de la reorganización (eran en realidad lo mismo que las brigadas reorganizadas).

(4) El "camino intermedio" se llamaba también el "tercer camino". Véase el presente tomo, pág. 180, "La situación actual y nuestras tareas", nota 9.

(5) Véase el presente tomo, pág. 20, "La situación y nuestra política después de la victoria en la Guerra de Resistencia contra el Japón", nota 8.

(6) Véase Fábulas de Esopo, "El labrador y la serpiente".