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¡Viva la Clase Obrera y el Pueblo!

¡Integremos sus enseñanzas histórico mundiales a las luchas del proletariado y el pueblo chilenos!

Muchos charlatanes han proclamado la muerte del movimiento obrero, el fin del proletariado; otros tantos, no pudiendo negar su existencia niegan su importancia, su trascendencia histórica. El problema de estos individuos es confundir sus deseos y análisis con la situación concreta de la clase obrera en Chile y el mundo.

Los trabajadores asalariados y su importancia

En primer lugar, los maoístas en su análisis científico de la sociedad parten de los hechos objetivos; en este sentido, para efectos de la comprensión teórica por un lado, y ante todo, en su perspectiva práctica para la elaboración de la estrategia y táctica revolucionarias, distinguimos del conjunto de las masas trabajadoras, a los asalariados por un lado, del resto de pequeños productores (urbanos o rurales) por otro. En el caso de éstos últimos, podemos considerar, por ejemplo, desde los trabajadores por cuenta propia, pasando por las explotaciones de tipo familiar, hasta aquellos que contratan mano de obra en pequeñas proporciones. Respecto a los asalariados, nos referiremos a continuación.

Es un hecho reconocido que en nuestro país, desde la década de los ’70, se ha experimentado un aumento notable de los trabajadores asalariados respecto del total de la Población Económicamente Activa. De esto podemos concluir a grosso modo, la importancia gravitante que tienen no sólo en el actual desarrollo económico nacional sino que también en el futuro.

Dentro de los asalariados podemos mencionar a la clase obrera, a los trabajadores conocidos como “de cuello y corbata”, a los operarios de las grandes tiendas comerciales y supermercados; a los vinculados al transporte y al trabajo doméstico; forman parte también, la masa de trabajadores y empleados en los servicios del Estado (incluidos los municipales y excluyendo a los de “confianza política” del gobierno de turno); los trabajadores de la educación y la salud particulares; etc., etc.

Como es posible constatar a través de las estadísticas publicadas por los mismos organismos gubernamentales, del total de los asalariados, gran parte no corresponden a la clase obrera y, si bien es cierto, ésta ha crecido en números netos, hay que señalar que en relación al conjunto de los asalariados, ha disminuido proporcionalmente en el mismo período de tiempo mencionado más arriba. Este es un hecho que no se puede esconder ni distorsionar. Sin embargo, otra cosa es la importancia histórica y futura de la clase obrera en comparación con el resto de los trabajadores.

La clase obrera

La clase obrera está compuesta a su vez por distintos tipos de asalariados: industriales, de la construcción, mineros, agrícolas, silvícolas, de las salmoneras, etc. Una parte substancial de ellos son ocupados en la gran producción de propiedad de capitales monopólicos de origen local y extranjeros.

Respecto a esto último hay que señalar, que si bien es cierto el proletariado industrial no ha aumentado su número en la misma proporción que el conjunto de la masa de asalariados, no por ello ha disminuido su importancia en la producción total del país. La clase obrera vinculada a la gran producción monopólica aporta un porcentaje mayoritario del Producto Interno Bruto (PIB), y dentro de este porcentaje una fracción significativa la proporciona la clase obrera industrial. Con esto no se niega el peso de la PYME en cuanto a la alta proporción, cercana al 80%, de mano de obra que absorbe. No hay que confundir las cosas. Por el peso económico relativo que tiene, pero sobre todo por su importancia política presente y futura, el núcleo principal dentro de los trabajadores es el proletariado industrial.

La clase obrera industrial existe, tiene importancia objetiva, y no menor, para la economía del país; es gravitante para ensayar cualquier proyecto futuro. Guste o no guste, créanlo o no los señores intelectualillos, repetimos, el proletariado industrial es un hecho objetivo, así como también es un hecho objetivo su lucha contra la explotación, los abusos, las malas condiciones laborales, las altas tasas accidentabilidad en muchas faenas, etc.

Hasta aquí lo que tiene que ver con la existencia objetiva y la importancia económica del proletariado industrial así como también la de la clase obrera, los asalariados y los trabajadores en general.

Las fuerzas básicas de la Revolución de Nueva Democracia

Si los trabajadores en su conjunto constituyen parte importante de la fuerza motriz, en la cual descansa la revolución de nueva democracia; es en el proletariado donde radica la fuerza directriz para hacer realidad la perspectiva socialista y comunista futura. Pero estas no son las únicas fuerzas ni tampoco es la base material lo único que permitirían el éxito revolucionario.

Las minorías nacionales oprimidas como los mapuche han desplegado una lucha varias veces centenaria. Su combatividad, a pesar de la feroz represión y persecución de la que son objeto, se ha reactivado notablemente; por esto mismo la última década ha sido testigo de su heroicidad y del temor que han engendrado en terratenientes y gobierno.

Los jóvenes estudiantes (populares en su inmensa mayoría) han llegado a constituir, en cierta medida, una fuerza de vanguardia; en mayo-junio del 2006 llevaron adelante un movimiento ejemplarizador para el conjunto del pueblo y que de paso puso en jaque al gobierno. En septiembre del mismo año fueron también las masas juveniles populares en las poblaciones las que se destacaron en un movimiento de protesta y desborde que, a pesar de su espontaneísmo y excesos, demostró que en estos sectores de la juventud existe una energía volcánica y anida un firme potencial revolucionario.

Se han destacado también las mujeres populares de las poblaciones en su lucha por la vivienda y contra las deudas, además de una activa solidaridad con los estudiantes en lucha.

En síntesis, las masas populares han demostrado notable heroísmo a través de la historia nacional reciente en su lucha contra la opresión ejercida por el frente contrarrevolucionario compuesto por el imperialismo (yanqui fundamentalmente), el Estado burgués-terrateniente, el gobierno lacayo de turno y los revisionistas (falsos comunistas). Junto al pueblo mapuche, son los pobres, mujeres, jóvenes, niños y ancianos populares, unidos en intereses a las clases trabajadoras, los llamados a destruir el frente contrarrevolucionario.

Las fuerzas subjetivas

Pero la base económica no es ni puede ser lo único, de hecho nunca ha sido el único aspecto. También existen la política y la cultura. De hecho, la política ha llegado a constituir un aspecto decisivo, por ejemplo, en las revoluciones. Con las fuerzas subjetivas nos estamos refiriendo a las fuerzas organizadas; de ellas depende, en gran medida, desarrollar la situación revolucionaria.

Nuestro país cuenta con un numeroso contingente de trabajadores que vive a diario la explotación, este es un hecho objetivo. Impedido en lo externo por el imperialismo, también Chile, no ha podido impulsar un desarrollo económico autosostenido e independiente y subsiste como una nación oprimida semicolonial; este es otro hecho objetivo. Esto es el pasto seco para la revolución.

Pero como adelantábamos, las masas luchan, resisten y se rebelan frente a la opresión. Por eso los sindicatos (órgano por excelencia destinado a la defensa de los intereses económicos de los asalariados) y las luchas huelguísticas han persistido todo este tiempo. Las dificultades no son pocas, por ejemplo, la baja tasa de sindicalización, la corruptibilidad de los dirigentes, el fuerte sesgo economicista de las demandas de los trabajadores, etc. Sin embargo la clase obrera, el proletariado industrial sigue ahí, está vivito y coleando más que nunca, y su organización también.

En este sentido las fuerzas subjetivas de la revolución son las masas organizadas para la lucha de clases y la consecuencia última de esta organización es el establecimiento de un nuevo poder, un poder revolucionario y popular. Este es el hecho político esencial: la conquista del poder, el derrocamiento de los enemigos de clase y la defensa del poder conquistado. Pero la clase obrera y el pueblo, no pueden pasar por alto ya no sólo su propia experiencia de lucha sino que también la experiencia obtenida en décadas de sacrificios por el proletariado internacional y los pueblos y naciones del mundo en su lucha contra la opresión. El marxismo-leninismo-maoísmo es un resumen, una síntesis extraordinaria de dicha experiencia. La tarea cultural, por lo tanto, es defender, difundir y explicar esta ideología científica del proletariado revolucionario como una guía para la acción. Sin embargo, sus contenidos sólo podrán ser verificados y desarrollados en la medida que los apliquemos a nuestra realidad específica.

Los comunistas tenemos la tarea de transformar, mediante un largo proceso de aciertos y errores, en fuerza material para la revolución las ideas, las teorías, los planes y programas, las campañas, las estrategias y tácticas. Pero sólo lo lograremos en la medida que esa fuerza material esté compuesta por millones de mujeres y hombres de las masas. Para esto es necesario construir un partido que se coloque a la cabeza de ellas y las conduzca; un ejército, que destruya a sus enemigos y las defienda; y, un frente que agrupe a todas las clases y fuerzas revolucionarias. Ejército popular y frente del pueblo hegemonizados por el proletariado y dirigidos por su partido de nuevo tipo. Lograr esto es encontrar la chispa que encenderá esa enorme hoguera que late en el largo y angosto pastizal social que cubre nuestro suelo.

¡A organizarse y luchar por una Revolución de Nueva Democracia para nuestro país!

  U. R. C. (M - L - M)