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El camino de las mujeres hacia su
verdadera liberación

La doble opresión de la mujer (opresión de clase y opresión de género) es uno de los necesarios problemas a resolver en el avance hacia el socialismo y el comunismo.

Esta realidad, que tiene una larga data, ha impulsado en la actual época, a miles de mujeres a rebelarse y a luchar contra su opresión. Sólo con lucha la mujer ha conquistado cada uno de sus derechos actuales.

Sin embargo, no debemos dejarnos engañar, aún quedas muchas razones por las que luchar, pues mientras se mantenga la discriminación, la esclavitud domestica y la sobreexplotación económica de todas las mujeres del pueblo, habrán razones para levantarse, organizarse y luchar contra quienes son los sostenedores de este sistema.

En la antigüedad, en el medioevo, en la época moderna, e incluso en la contemporánea, las sociedades más retrogradas han concebido y tratado a la mujer como un ser inferior, una menor de edad, una menor civil, incapaz de ejercer vida pública, de tener autoridad o de tener y administrar una propiedad. Durante largo tiempo, sin derecho alguno, las mujeres fueron parte de la propiedad de otros: de los esclavistas, de los señores feudales o de los grandes burgueses. Marginada de la propiedad, de la producción, de la participación política, la mujer fue convertida en un sujeto dependiente. Durante largos siglos la mujer fue concebida solo como un “útero reproductor”, una mercancía, un instrumento para la reproducción de la especie.

Esta situación comienza a cambiar gracias al avance de la industrialización, puesto que la necesidad de gran cantidad de mano de obra (sin mayor fuerza física), llevó a los grandes capitalistas a incorporar en masa a la mujer al trabajo (y también a sus hijos). Desde entonces un número creciente de mujeres populares se hicieron obreros, y su concepción del mundo fue cambiando de acuerdo a su nueva actividad.

Pese a las graves condiciones de explotación en que se integró la mayoría de las mujeres populares al trabajo, fue positivo el hecho de que ésta logró una mediana independencia y se encontró con miles de mujeres en la misma situación. Antes aisladas, ahora unidas por la fuerza del trabajo, la mujer proletaria comenzó a organizarse y a movilizarse, en forma casi espontánea, en pos de conseguir mejorar su condición de vida.

La lucha que la clase obrera dio por la jornada de 8 horas, por la eliminación de la explotación infantil, por el derecho a organizarse en sindicatos, por condiciones laborales dignas, cuentan con la sangre de miles de hombres y mujeres que, masacrados por los burgueses, murieron por esta causa. De hecho, el 8 de Marzo “Día Internacional de la Mujer Obrera y Popular”, recuerda a las miles de mujeres obreras que se han levantado en defensa de la clase, y en especial, a las mujeres obreras neoyorkinas de la Cotton Textile Factory (Fábrica de Textiles de Algodón), a quienes el patrón les prohibió participar en la huelga, encerrándolas e incendiándolas.

Si el movimiento femenino es iniciado por mujeres provenientes de la burguesía y pequeña burguesía, mujeres progresistas, que se movilizaron por la incorporación de la mujer a la educación, por la participación política y el derecho al sufragio, este movimiento alcanza un verdadero impulso con las luchas que el movimiento obrero femenino realizó en todo el mundo, y las luchas que iniciaron los partidos socialistas de la época por la defensa de la incorporación de la mujer al trabajo, y la igualdad económica y política.

Lenin correctamente señaló que no basta con haber alcanzado la igualdad jurídica, la participación mediante un voto, que la mujer alcanza su verdadera liberación cuando alcanza la igualdad económica. Esto sigue igualmente vigente hoy, cuando muchas mujeres y hombres del país se sienten felices por que el gobierno presidencial tiene rostro femenino. Se siembra la ilusión de que estando una mujer en el poder, las mujeres populares alcanzaran la esperada igualdad. Pero se olvida que esta mujer, representante de los grandes empresarios, lacaya del imperialismo (principalmente yanqui) y de las grandes superpotencias, no está interesada en que la mujer popular deje de ser la peor cifra de desempleo (más del 64% de las mujeres en edad de trabajar se encuentran cesantes), ni en desarrollar las condiciones legales para que cualquier mujer pueda trabajar (estableciendo sistema de guarderías obligatorios por ejemplo). Tampoco esta interesada en mejorar las miserables pensiones que las mujeres obreras reciben después de toda una vida productiva, ni que la mujer deba pagar más a las isapres porque se encuentra en edad fértil. Bachelet sólo es la guardiana y representante de los grandes empresarios que viven de la explotación del pueblo, particularmente de la explotación de las mujeres.

Hay mujeres y mujeres, porque las mujeres también son parte componente de cada una de las clases sociales. Entonces, por muy mujer que sea, la Bachelet es mujer de la burguesía, por lo tanto, su papel es oprimir y explotar a las clases que trabajan para ellos.

Nosotros, como parte del pueblo, debemos desenmascarar el carácter de este gobierno y llamar no sólo a las mujeres populares (que componen más de la mitad de la población), sino a todo el pueblo oprimido por el capitalismo, a levantarse contra el imperialismo y la gran burguesía en defensa de una NUEVA DEMOCRACIA, que luche por la verdadera emancipación de la mujer.