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CALENTAMIENTO GLOBAL: ¿Somos todos culpables?

El 2 de febrero el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la Organización de Naciones Unidas (ONU) dio a conocer su Cuarto Informe. Dicho documento -aprobado unánimemente por los 3.000 científicos que componen la IPCC- arroja un terrible diagnóstico sobre el calentamiento global y sus efectos.

Según el informe entregado por la IPCC, los últimos 12 años han sido los más cálidos de la historia, exceptuando el mesozoico (donde la temperatura era 10º mayor a la de hoy). Pero en el mesozoico no había más que dinosaurios en la tierra y si de ahí en adelante la temperatura pudo autorregularse para que luego pudiera el hombre desarrollarse, hoy no existe posibilidad alguna de que vuelva a ocurrir lo mismo, ya que las concentraciones de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera son las más altas de los últimos 650.000 años y nada presagia que puedan ir en descenso. Además de este negro pronóstico el informe presagia que aunque las emisiones de CO2 se mantuvieran en el nivel actual es imposible impedir que las temperaturas aumenten al menos en un 0,1 grado por década y que para fines del presente siglo la temperatura podría ascender en 4 grados, con lo que el Polo Norte desaparecería irremediablemente, aumentando excesivamente el nivel del mar, los huracanes y maremotos.

Con todos los antecedentes sobre la mesa, los científicos del IPCC llegaron a la conclusión de que el calentamiento global es “muy probablemente” (90% de posibilidades) consecuencia de la “acción humana”. Sin embargo, esta conclusión que se presenta a primera vista como tan irrebatible no es más que un coqueteo con la verdad y a fin de cuentas no es tan concluyente como pareciera.

Si vemos las cifras entregadas por la ONU notaremos que los Estados Unidos, Japón y las potencias europeas son responsables de cerca de un 80% de las emisiones de CO2 y que son los mismos Estados imperialistas los que se oponen a someterse a un verdadero control de la emisión de los gases tóxicos y a la disminución de los mismos.

Por otro lado, sería realmente ridículo pretender que son igualmente responsables del calentamiento global un campesino que cocina a leña y los dueños de los grandes monopolios de la industria química.

Así pues, la “acción humana” no es una acción nociva de todos los seres humanos por igual. En la actual sociedad dividida en clases es imposible hablar del “hombre” o del “ser humano” en abstracto. En una sociedad de clases no pue­de haber más que un análisis de clases. La cuestión está entonces en dilucidar si -como dicen los científicos del IPCC- somos todos responsables o si es un sector en particular de la sociedad el culpable de las emisiones tóxicas.

LA CARICATURA DE KYOTO

Los gobiernos y Estados imperia­listas han venido actuando con una doble cara. Por un lado depredan vorazmente las riquezas naturales de los países pobres bajo su dominación, sin importar las consecuencias y por otro lado dicen sensibilizarse ante tan triste panorama. Es en este contexto en donde se implementa la Conferen­cia Internacional de Kyoto, la cual se supondría velaría por la protección del medio ambiente, entregando a cada país un límite de emisión de gases tóxicos: cada gobierno se comprometería a emitir gases en una cantidad 5,2% menor a la de 1990.

Pero lo que parecía una democra­tización y un acuerdo positivo para la protección del medio ambiente pronto mostraría ser nada más que su caricatura, ya que los países que estuvieran por debajo de la cuota fijada podrían acumular la cantidad restante de emisiones para el año siguiente e incluso vender sus “cuotas de emisiones de gases” a los gobiernos que estuvieran en el límite.

Así, el protocolo de Kyoto no tardó en convertirse en una nueva bolsa de valores en donde la actividad principal pasó a ser la compra y venta de cuota de emisiones de gases, en donde las potencias y superpotencias imperialistas no tardaron en concentrar en sus manos el derecho a emitir cerca del 80% de las emisiones tóxicas y no hacer nada para disminuir su acción depredadora. Aún así el gobierno de Estados Unidos, res­ponsable del 25% de las emisiones contaminantes se ha negado a firmar el protocolo de Kyoto. El actuar custodio de los intereses de los grandes monopolios norteame­ricanos, George W. Bush ha dicho en 1990 que no podría ratificar ningún acuerdo que perjudicara la vida de los estadounidenses y 11 años más tarde, al ser consultado sobre el mismo tema ha respondido: ”Como se sabe, me opongo al Protocolo de Kyoto porque... perjudicaría gravemente la economía estadounidense”.

Recién en el presente año Bush ha incluido dentro de su agenda el problema del calentamiento glo­bal, pero sólo ha echado mano a este tema con un afán demagógico y al tener en conocimiento lo lapidario del último informe del IPCC. Pero, su forma de abordar la cuestión sigue siendo evasiva y falaz. Al tiempo que dice preocuparse por el calentamiento global, presiona a los científicos de la ONU para que sus conclusiones no sean “tan determinantes”, emite informes paralelos que tienden a atenuar la responsabilidad del imperialismo en la cuestión y oculta información sobre la responsabilidad de las grandes compañías y monopolios estadounidenses que son, a fin de cuentas, los principales responsables.

LA “OPOSICIÓN” DEMÓCRATA

Al interior del imperialismo yanqui surgen contradicciones, las que se manifiestan a menudo entre los republicanos encabezados por Bush y los demócratas liderados por Al Gore. Sin embargo, estas contradicciones en el seno del imperialismo yanqui no son contradicciones antagónicas, es decir, no son tan gravitantes como para poner fin a la dominación imperialista de Estados Unidos. Tanto republicanos como demócratas apuestan por hacer de Estados Unidos la única superpotencia del mundo y reducir al resto de los países a la condición de colonias y semicolonias. Por lo tanto, las contradicciones que se presentan entre republicanos y demócratas no son más que diferencias en como poner en marcha el aparato del Estado para lograr los mismos fines.

Respecto a la cuestión del calentamiento global, los demócratas y especialmente Al Gore, dicen tener una gran preocupación y hasta se han llegado a emitir una serie de documentos y a elaborar un video-documental donde se pone de manifiesto el real peligro que corre el mundo. Sin embargo, el diagnóstico hecho por los demócratas yanquis sigue siendo errado. Primero porque, al igual que todos los sectores del imperialismo, siguen machacando con la idea de que el calentamiento global es obra del “ser humano” en general, ocultando así la responsabilidad de la gran burguesía y los Estados imperialistas.

Partiendo de este diagnóstico erró­neo, los demócratas yanquis se pierden al buscar una solución al problema y no hacen más que remitirse a propagandizar una serie de “consejos” (ver cuadro), que en nada o casi nada modificarán el curso del calentamiento global.

Las “soluciones” demócratas, sin lugar a dudas, sólo están dirigidas a ciertas capas de la pequeña burguesía, sectores de la burguesía media y la gran burguesía. Pues la mayor parte de la población mundial debe preocuparse casi exclusivamente de sobrevivir y no tiene posibilidades para ponerse a elegir ampolletas, contar permanentemente con calefacción, agua caliente; secadora de ropa, alimentos orgánicos, elegir el papel o el envase de un producto, ni menos aún comprar un automóvil nuevo. Las “soluciones” de Al Gore son tan pueriles y sin importancia que a su lista de consejos podríamos añadir un centenar más -como por ejemplo: “evite fumar más de un paquete de cigarrillos al día”; “clasifique la basura”; “utilice desodorante en barra en lugar de spray”, etc.- y aún así no estaríamos yendo al fondo de la cuestión.

UN GRAN PROBLEMA REQUIERE DE UNA GRAN SOLUCIÓN

La negativa a solucionar el proble­ma del calentamiento global por parte de los sectores más reaccionarios y los consejos superficiales entregados por su “oposición” burguesa, nos deja cada vez más claro que los gobiernos imperia­listas ponen en primer plano las superganancias que generen sus grandes cadenas. Si estas destruyen el planeta o no, para ellos es una cuestión secundaria.

Esto es algo que no debiera de sorprendernos. Durante décadas las potencias y superpotencias imperialistas han mostrado al mundo que para obtener jugosas ganancias no escatiman en ningún medio. La destrucción solapada del planeta que están llevando a cabo los imperialistas, ya ha sido puesta en marcha en forma abierta en muchas oportunidades: las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki; las bombas de napalm cayendo sobre campos vietnamitas; los incesantes bombardeos en Camboya; la lluvia de misiles que dejó a Corea del Norte convertido en ruinas; el envenenamiento de aguas en oriente medio; el genocidio al pueblo kurdo con gas mostaza; las pruebas atómicas llevadas a cabo en diversos puntos del mundo; los bombardeos a los pozos petroleros en Irak. Todos estos negros sucesos son sólo algunos de la gran lista de crímenes que el imperialismo viene cometiendo contra los pueblos y en contra del medio ambiente. Por lo tanto, esperar que los imperialistas se vuelvan sensatos y reflexionen sobre el “bien de la humanidad” es una vana ilusión, una ilusión que sólo cabe en la cabeza de aquellos que aún no comprenden que el imperialismo nunca cambiará su esencia depredadora y destructora.

Si realmente estamos pensando en la necesidad de encontrar, de una vez por todas, una salida a este gran problema del calentamiento global, tenemos que empezar por reconocer que no somos todos culpables del calentamiento global, que el problema no está en el género humano en su totalidad, sino que aquí existen responsables que pueden ser claramente identificados, los estados imperialistas (EEUU, Rusia, Japón, China, Alemania, Inglaterra, Francia, Italia y Rusia). Debemos, asimismo, estar concientes que las medidas “parches” y superficiales entregadas por la burguesía no son más que cuestiones demagógicas para que perdamos de vista el problema principal.

Es preciso comprender además que la lucha en contra de los monopolios y grandes cadenas -que destruyen la vida y el planeta- no puede darse desligada de la lucha revolucionaria en contra del imperialismo y sus lacayos. Quienes se vuelcan en forma exclusiva en reivindicaciones ambientales y no toman en cuenta la lucha de clases, caen siempre en una dinámica en donde no son capaces de evidenciar la magnitud de los problemas, se aíslan de las grandes masas y caen tarde o temprano en posiciones burguesas.
Debemos tener siempre en cuenta que de todas las luchas que emprendan el proletariado y las masas, la lucha por derrocar a la gran burguesía y a los sectores reaccionarios es lo principal y que todas las otras luchas deben supeditarse a ella, si esto se olvida, nada podrá poner en peligro la dictadura imperialista sobre el mundo.

 

 

ONCE CONSEJOS DE AL GORE PARA REDUCIR EL CALENTAMIENTO GLOBAL

1.- Cambiar las ampolletas tradicionales por las compactas fluorescentes (CFL), que consumen 60% menos electricidad y emiten menos dióxido de carbono CO2.
2.- Ajustar la calefacción con dos grados menos en el invierno y dos grados más en el verano.
3.- Usar menos agua caliente.
4.- Utilizar un colgador en lugar de una secadora de ropa.
5.- Comprar productos de papel reciclado.
6.- Comprar alimentos frescos y no congelar comida.
7.- Comprar alimentos orgánicos y no cultivos de granjas convencionales.
8.- Evitar comprar productos que vienen en envases pesados, para reducir la proporción de basura.
9.- Elegir un automóvil de menor consumo de gasolina (de preferencia nuevo).
10.- Usar menos el automóvil.
11.- Revisar semanalmente el aire de los neumáticos del automóvil, para consumir menos combustible.

Fuente: La Tercera, 4 de febrero del 2007.