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Latinoamérica: ¿Un nuevo campo de disputa para el imperialismo?

Se han cumplido 30 años desde la aplicación de las mal llamadas políticas neoliberales o de liberalización en América Latina, período iniciado a sangre y fuego en Chile, consistente principalmente en la desnacionalización de la economía, la transformación del papel económico del Estado para convertirse en un facilitador de las grandes inversiones monopolistas, principalmente imperialistas, y dado su carácter de clase, reprimir y desmantelar la organización sindical y popular.

Estas “recetas” o cambios estructurales fueron, naturalmente, impulsados desde el Imperialismo -principalmente norteamericano- a través de sus organismos subordinados como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial de Comercio.

Este “camino” recorrido diligentemente por la alta burguesía de cada país en Latinoamérica ha facilitado en los hechos la entrega de los recursos naturales y de sectores estratégicos de la economía, como son el de energía, servicios, minería, entre otros, a las potencias extranjeras, es decir, al imperialismo.

La dominación de América Latina por parte del imperialismo y sus aliados locales, la alta burguesía, hasta hace un tiempo era vista como incuestionable, sin embargo, empezó a ser desbordada y resquebrajada por la movilización de las masas. En efecto, a consecuencia de las crisis del capitalismo burocrático empezaron a surgir diferentes luchas, movimientos y levantamientos que van desde la Guerra Popular que se está librando en el Perú -lucha considerada como la más importante que se viene desarrollando a nivel de continente en toda su historia, cuya dirección está a cargo del Partido Comunista del Perú (guerra popular iniciada en los ‘80, con programa comunista y objetivos definidos como es el derrumbar la dictadura encubierta de democracia o el Estado Burocrático-terrateniente para arribar a un Estado de Nueva Democracia)- hasta diversos movimientos democráticos cuyas luchas poseen un elemento común: su carácter antiimperialista.

Así por ejemplo, en México, Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina surgen importantes movimientos de resistencia de las masas frente al despojo que intenta llevar adelante sus respectivos Estados y el imperialismo: el Frente Popular en Defensa de la Tierra (Tescoco México), Movimiento Sin Tierra en Brasil, las movilizaciones contra los acuerdos con EE UU dirigidas por la CONAIE - ECUARUNAI en Ecuador, la movilización en Cochabamba (Bolivia) o lucha del agua contra Bechtel, que termina con la expulsión de dicha empresa imperialista, los Piqueteros en Argentina, entre otros.

Esta emergencia de movimientos populares y sociales no sólo derribó o cuestionó a ministros y gobiernos de turno, sino que generó fisuras en la cadena de mando de las clases dominantes y en la política del imperialismo.

Las diferentes facciones de la alta burguesía, ante el avance de las masas, se dieron cuenta que no podían seguir gobernando como hasta ahora lo venían haciendo y que era necesario reestructurar o introducir reformas en el viejo Estado como la única manera de dar continuidad a su dominación.

Es por esto, que empiezan a surgir “gobiernos populistas” con presidentes de Izquierda para desactivar la explosión social. Presidentes como Lula (ex sindicalista, miembro del Partido de los Trabajadores), Kirchner (peronista de izquierda), Evo Morales (Dirigente indígena vinculado al MAS), Tavaré Vásquez (del Frente Amplio), Alan García (del APRA), Daniel Ortega (del FSLN) y Hugo Chávez, entre otros. Todos estos gobiernos han buscado presentarse ante las masas como rupturistas con el pasado explotador, reformistas o “refundadores” de la nación en el entendido que de ahora en adelante toda la “sociedad civil”, a través de asambleas constituyentes o no, tomaba en sus manos los destinos de la nación.

Sin embargo, con esta faceta “revolucionaria” todos han mantenido intocables los acuerdos de las burguesias nacionales con el imperialismo, han fortalecido el Estado burgués y su carácter burocrático militar de clase y han favorecido a una fracción específica de la alta burguesía, a saber: la Burguesía Burocrática.

De esta manera, más allá de los discursos pomposos y demagógicos, en los hechos la fracción burocrática de la burguesía está buscando conducir el actual periodo sirviéndose para esto del engaño de las masas. Busca su apoyo por medio de programas de asistencia, políticas sociales destinadas a los “pobres”, sirviéndose de las centrales sindicales colaboracionistas, es decir, desarrollando un fuerte corporativismo o clientelismo cuyo objetivo es incorporar a las masas al proyecto burgués-terrateniente.
Estos presidentes partícipes del reformismo parlamentario resultan electos porque cabalgan sobre el descontento popular contra el sistema imperialista, pero después de formar el gobierno su objetivo principal se torna en mantener la estabilidad del gobierno y seguir las reglas impuestas por la clase dominante.

A la clásica dominación de EE. UU. sobre el continente se han unido fuertes inversiones provenientes de la Unión Europea, China y Rusia todo lo cual vaticina que Latinoamérica, de hecho, se está transformando en una arena de disputa entre las diferentes potencias. Estas pugnas interimperialistas por el control de las riquezas y zonas de influencia están generando contradicciones a nivel internacional. Es así como vemos a un Evo Morales o a un Hugo Chávez criticar a los EE.UU., pero en los hechos mantener los vínculos con el imperialismo y, por otra parte, abrir el país a la inversión de nuevas potencias como China, Rusia y la Unión Europea.

Todos estos acontecimientos nos deben hacer reflexionar sobre el verdadero carácter de estos gobiernos “populistas” y dilucidar si en verdad son antiimperialistas y luchan por el “socialismo” o, por el contrario, son expresión del ala corporativista burocrática de la alta burguesía. Tienden a acentuar la promoción de la militarización de la sociedad, generan cada vez más órdenes pseudo democráticos con crecientes rasgos fascistas, constituyendo sus actuales gobiernos sofisticadas versiones del mismo.

Aunque parecieran promover o fortalecer la “sociedad civil” o “gobiernos ciudadanos”, existe una intolerancia para con los movimientos populares y una manipulación del atraso de las masas. Es decir, se busca vender la idea de democracia en tanto se explota y suprime a las grandes masas. De esta manera, en muchos países el descontento social ha sido canalizado por el revisionismo, electoralismo, reformismo y oportunismo ante la falta de un proyecto proletario.

Cosa distinta es el caso peruano, donde la guerra popular dirigida por el Partido Comunista viene saliendo del recodo, poniendo en dificultad el reimpulso del capitalismo burocrático.

Uno de estos casos corresponde a Venezuela y el actual gobierno liderado por su presidente Hugo Chávez.

El falso antiimperialismo de Chávez

Hugo Chávez ha estado en el gobierno por tres períodos que van del 2 de febrero de 1999 y se prolongarán hasta el 2013. Desde su primer periodo ha bregado por fortalecer el Estado incrementando la participación del mismo en la explotación de recursos naturales, asimismo ha buscado “nacionalizar” diferentes áreas de la producción como las telecomunicaciones, y el sector energético con relativo éxito. Para introducir cambios se ha valido en un primer momento de una asamblea constituyente cuyo propósito fue el introducir cambios en la constitución para así fortalecer el poder ejecutivo. Esto le permitió cuestionar la política del Banco Central, intervenir si es necesario contra medios de prensa opositores y cuestionar a los partidos tradicionales introduciendo la necesidad de generar un partido único de la “revolución”.

Todas estas transformaciones se han sucedido en un contexto contradictorio, pues por una parte, discursivamente, Hugo Chávez se muestra agresivo, “antiimperialista” o crítico al gobierno de Bush inclusive satanizando su persona; pero por otra, existe un respeto a las relaciones entre Estados y los contratos establecidos con el país del norte, manteniendo intacto el abastecimiento de petróleo a dicho país (siendo el segundo país abastecedor de los Estados Unidos) y la presencia de sus monopolios en Venezuela.

De esta manera, Chávez piensa que el imperialismo corresponde a la política de un gobierno de turno y no es una unión de grandes monopolios que operan a nivel mundial, sus Estados, sus ejércitos, organismos internacionales y política.

Por otra parte, Chávez dice bregar por el socialismo en el siglo XXI, pero existen dos caminos en la transformación de la sociedad uno de Nueva Democracia y uno burocrático, Chávez es el representante del segundo.

Lejos de reconocer el carácter del Estado como órgano e instrumento de violencia de la burguesía y demostrar la necesidad de su demolición, crea falsas ilusiones en las masas en cuanto poder llegar al socialismo o a un cambio de la estructura económica por la vía electoral. Esta vía no toca en lo esencial los intereses de la alta burguesía, pues en vez de expropiaciones de empresas imperialistas y monopólicas sólo hay renegociación de contratos, en vez de expropiación de tierras de los grandes latifundios en la Reforma Agraria más bien se brega por modernizar el campo, sin cuestionar la propiedad privada. Por otra parte, se ha generado un fuerte clientelismo o un fuerte proceso burocrático corporativista que se apoya más en el ejército burgués que en la movilización de masas. De hecho, se ha acuñado un nuevo concepto para dar cuenta de este fenómeno la “Boliburguesia” dando cuenta del carácter parasitario de muchos seguidores de Chávez que se benefician al ser mediadores de programas de asistencia social.

En el gobierno de Chávez no existen órganos de nuevo poder, no existen fábricas o latifundios en manos de la clase obrera o campesinos pobres, sino la intervención de funcionarios de gobierno apoyados por las fuerzas armadas. Dicha intervención sustituye de manera creciente la movilización de masas.

Es por esto que señalamos que Chávez representa a una fracción de la alta burguesía, su ala burocrática comprometida con el imperialismo, ésta saca cuentas a cual imperialismo asirse para sacar los mejores dividendos a costa de la vida y la explotación de las masas populares.